El humo de los incendios que azotan a Australia llegó a la Argentina desde el Pacífico y podría dar la vuelta al mundo. En Mendoza el fenómeno comenzó a percibirse a simple vista desde el lunes y se prevé que continúe por varios días, con periodos de mayor o menor concentración de partículas en suspensión en la atmósfera.
Desde Contingencias Climáticas, el meteorólogo Carlos Bustos, afirmó que la humareda “se encuentra a 5 mil metros de altura y no tendrá consecuencias relevantes, sólo se verá el atardecer y el Sol de color rojizo”, graficó.
Si bien recorrió 13.000 kilómetro, ingresó al país en una concentración baja respecto a su lugar de origen pero aún así se puede observar con facilidad.
El doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos del Conicet, Juan Rivera, explicó que “las mayores concentraciones de humo y otros aerosoles llegan en ‘tandas’ favorecidas por las perturbaciones de latitudes medias que se desplazan hacia el este”.
El humo de los incendios de #Australia llegó nuevamente a #Argentina. Es transportado por los sistemas frontales que se desplazan de oeste hacia el este. ¿Qué consecuencia puede tener? Ninguna muy relevante, solo un atardecer y un Sol un poco más rojizo. ¿Por qué? Abrimos hilo pic.twitter.com/k6mLImCE2h
— SMN Argentina (@SMN_Argentina) January 6, 2020
Y agregó: “Hubo una primera que llegó en noviembre de 2019 y la de ahora también es importante”.
Por su parte, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) comunicó que los “satélites de la Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos muestran que el humo, visible ya en Chile y Argentina, está en camino de circunnavegar el planeta”.
La voracidad de las llamas en Australia ya devastó más de 10.3 millones de hectáreas, provocó la muerte de al menos 24 personas, más de 1.200 viviendas destruidas y unos 500 millones de animales desaparecidos.
Se trata de una de las peores temporadas de incendios forestales, alimentados por temperaturas récord y meses de sequías.

Efecto óptico
Maximiliano Viale, investigador en Ciencias Atmosféricas del Conicet, aseveró que “mientras sigan activos los focos de incendios, va a seguir porque la circulación atmosférica a gran escala es casi siempre de oeste- este”.
En cuanto a la coloración rojiza del Sol, detalló que se da por la presencia de los aerosoles, que son partículas en suspensión en la atmósfera, distintas y más pequeñas que gotitas o cristales de hielo de las nubes.
“El espesor óptico es la forma de expresar la medición de concentración de aerosoles en la columna vertical de la atmósfera. Exactamente por eso vemos el atardecer de color naranja”, detalló Viale y afirmó que en Santiago de Chile es frecuente la toma de estos datos por la contaminación.
Las mediciones hechas con un Fotómetro Solar que mide el espesor óptico instalado en el Departamento de Geofísica en la capital trasandina mostró que los valores típicos de verano que son cercanos a 0.2, sobrepasaban la unidad. En este sentido, entre mayor es el espesor, mayor dificultad tiene la luz para atravesar una capa.
Aquí hay mediciones hechas con un Fotómetro Solar instalado en Santiago @Dgf_uchile, el que mide espesor óptico. Entre mayor es el espesor mayor dificultad tiene la luz para atravesar una capa. Se ve que los valores típicos de verano son cercanos a 0.2. Hoy sobrepasan la unidad. pic.twitter.com/9e1S6fz0Ks
— Raúl Valenzuela (@raulrainfall) January 6, 2020
El Servicio Meteorológico Nacional aclaró que el mismo principio que hace que el cielo sea azul explica por qué ahora se ve rojizo como consecuencia de la presencia del humo.
“La respuesta está en la forma en que la luz del sol interactúa con la atmósfera. Sin ella, veríamos siempre el cielo de color negro, incluso en un día soleado. Las partículas que componen la atmósfera se interponen a la luz del sol y la separa en colores, algo similar a lo que ocurre con un prisma”, precisó el organismo.
La luz blanca del Sol está compuesta por todos los colores y cada color se desplaza en ondas de distinta longitud. “Podemos pensarlas como una serie de olas que viajan muy juntas (onda corta) o que viajan más distanciadas (onda larga)”, consignó.
Al ingresar a la atmósfera, la luz “choca” con los gases y partículas que hay en el aire (moléculas gaseosas, partículas de polvo, cristales de hielo, cenizas, sales, etc.) y, dependiendo del tamaño de estas partículas y de la longitud de la onda, pueden ocurrir distintos efectos.
Así, la luz solar se compone de colores que van desde el rojo, naranja o amarillos que tienen una longitud de onda mayor, a los verdes, azules y violetas que tienen menor longitud de onda. Estos últimos tonos en su camino por la atmósfera tienen mayor probabilidad de encontrarse con partículas que sean más grandes que la onda y son dispersados por todo el cielo. Esto se conoce como dispersión de Rayleigh.
“Los aerosoles y partículas generadas en los incendios, son bastante grandes y dispersan mucho mejor las ondas que corresponden a los colores naranjas y rojos. Es decir, que son esos colores los que llegan a nuestros ojos, y por ese motivo, el cielo se vuelve más rojizo”, informó el SMN .
La radiación electromagnética se emite en forma de ondas, y las hay de todas las longitudes posibles. Pero existe un grupo de estas ondas que pertenecen a la luz visible. El violeta tiene la longitud de onda más corta y el rojo la más larga. En el medio están los otros colores. pic.twitter.com/aeUnk2YbOd
— SMN Argentina (@SMN_Argentina) January 6, 2020
