¿Te sentis hinchada? ¿Tenes tendencia a acumular líquidos en zonas como las manos, el abdomen o las piernas? ¿No sabes qué te pasa, pero a determinadas horas el pantalón no abrocha y por la noche llegas a pesar hasta 3 kilos más? ¿Te aprietan los anillos que llevas? Puede que estés teniendo problemas de retención de líquidos.

Una vida sedentaria y una dieta desequilibrada (y rica en sal) puede estar detrás de la retención de líquidos que suele afectar a las mujeres en épocas relacionadas con desajustes hormonales (menstruación, embarazo o menopausia), aunque también los problemas de circulación o el estrés pueden contribuir al aumento de peso por esta circunstancia, por lo que los expertos aconsejan acudir al médico para saber si detrás de ello puede haber algún problema de salud.
Algunas de las manifestaciones físicas de la retención de líquidos son las bolsas en los ojos, que los anillos te aprieten más de lo normal, que tengas las piernas hinchadas o que puedas abrocharte los pantalones de tu talla.

¿Cómo identificar si se está padeciendo?
Con una prueba muy sencilla: presionar en la zona que hay edema (tobillos manos, panza) con las yemas de los dedos y, si la marca o huella permanece durante unos segundos, significará que sí.

¿Otros signos? Pesadez de piernas, cansancio o fatiga o un aumento de peso sin motivo aparente. También podés pedir un diagnóstico profesional a través de un estudio de la composición corporal por medio de bioimpedancia, un aparato que funciona con corrientes eléctricas y que mide el porcentaje de grasa, de agua, el peso e incluso el gasto metabólico.
Pero, ¿Por qué el cuerpo actúa así?
El organismo es agua en un 70 %. Esta, entre otras funciones, se acumula en las células para ayudar al transporte de nutrientes. ¿Cuándo surge en el problema de retención? Si hay un desequilibrio, puede estar producido por diferentes causas (en el siguiente párrafo las tienes indicadas), que impiden el paso de líquidos y hacen que estos se acumulen en la zona intersticial (los espacios que hay entre las células) y se produzca la temida retención hídrica.
Identifica las causas
El linfidema puede estar causado por diferentes factores (dieta, un retorno venoso deficitario, desajustes hormonales, estar en contacto con una fuente directa de calor, llevar ropa muy ceñida, la toma de ciertos medicamentos, estar demasiadas horas sentada, trastornos hepáticos o cardiacos) y lo sufren más las mujeres.

¿Por qué ocurre?
“Las hormonas tienen un papel determinante. Por ejemplo, la progesterona en la fase lutea (la última parte del ciclo menstrual que se inicia justo después de la ovulación) aumenta y produce alteraciones de peso ligadas a la retención de líquidos. Además, las féminas tenemos la piel más delgada y menos masa muscular y sufrimos problemas circulatorios”. ¿La buena noticia? “La retención de líquidos es constitucional, no una enfermedad, y la podemos atajar con un menú normoequilibrado, con algún tratamiento estético que favorezca el drenaje linfático, la práctica habitual de ejercicio físico y ciertas pautas antirentención”, explica la doctora Elena Soria, nutricionista de Clínica Menorca, España.
¿Querés descubrirlas? Tomá nota de los siguientes tips y decile chau al molesto efecto globo.
La mujeres son más propensas
Según la doctora Elena Soria, nutricionista y médico-estético de la clínica Menorca, la población más proclive a acumular agua en los tejidos es la femenina, por varias razones. “Sufrimos fluctuaciones hormonales, y además, las mujeres tenemos la piel más delgada, poseemos menor masa muscular y padecemos problemas circulatorios con mayor frecuencia”.

¿Qué desajusta la balanza hídrica del cuerpo?
Hay ciertas patologías (trastornos circulatorios, cardiacos y hepáticos) que lo propician, pero también se da en personas sanas, por motivos ligados al estilo de vida (sedentarismo, estrés, el uso de determinados fármacos como los que ayudan a normalizar la tensión o los antidepresivos) o supeditado a factores externos como el calor y las altas temperaturas.
Tomar de 2 a 3 cucharadas de aceite de oliva
No se puede prescindir de las grasas (son vitales para la absorción de ciertas vitaminas), pero es importante elegir las buenas y vigilar la ingesta de los lípidos vegetales. “Tomados en exceso favorecen el edema y la degradación de las fibras de sostén de la piel”.

Tomar agua a lo largo del día
Limpiar el organismo y eliminar toxinas es importante. “No te limites y toma caldos de verduras a base de puerros, espárragos frescos o pepino o infusiones (perejil, enebro o cola de caballo son las más indicadas)”.

Seguir un orden con las proteínas
Repartirlas a lo largo de la semana. “Toma 2 raciones de carne (mejor en la comida), dos de pescado azul (sardina, boquerón, pez espada, salmón) y otras dos de huevo.

Lejos del sodio
Es conocido que la sal propicia la retención. “Sustitúyela por otros condimentos (perejil, pimienta, tomillo, albahaca) para dar sabor”. Evitar los alimentos que la contienen y tener cuidado con la oculta. Está presente como aditivo en productos procesados y en los líquidos de todo tipo de conservas.

No desterrar las legumbres y las harinas refinadas
Tienen que tener un papel estelar en una dieta normoequilibrada (equilibrada e ideal). “Su consumo debe de ser diario”. Son alimentos ricos en potasio y pobres en sodio. Este mineral estaá presente en alimentos frescos y procesados. Siendo estos últimos los que incorporan saborizantes con gran presencia de sal (glutamato monosódico, fosfato disódico, cloruro sódico, benzoato sódico, propionato sódico).

Identificar a los enemigos
Evitar los alimentos ricos en sal (frutos secos, embutidos, ahumados, panes industriales) y los procesados y tener cuidado con ciertas aguas minerales, las hay muy ricas en sodio. Si este mineral es muy abundante en el cuerpo, el organismo retiene agua para disminuir su concentración.

Aliarse con frutas y verduras
De las primeras tomar de 2 a 3 piezas. “Sobre todo de las drenantes, como el pomelo, el ananá o los arándanos, y en cuanto a las segundas, incluye en el menú dos raciones (mejor aquellas que tienen hoja verde como las acelgas, grelos, o las espinacas)”.

Identificar los hábitos antirretención
Hay gestos que evitan la hinchazón. “No uses ropa ajustada, si aparecen marcas en la piel es señal de que hay una incorrecta circulación”. Esquivar, además, las posturas de compresión como “cruzar las piernas o estar muchas horas seguidas sentada o de pie”. Mantener un estilo de vida activo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para lograr este objetivo, hay que realizar 20 minutos al día de actividad física. “Basta con caminar cada día (11.000 pasos para mujeres entre 40 y 50 años)”.

Ponerse en buenas manos
Si se trata de una causa constitucional, hay tratamientos que pueden ayudar.

“La radiofrecuencia calienta la dermis y favorece el drenaje linfático al igual que la presoterapia (se ‘achican’ los líquidos sobrantes un con unas perneras de acción mecánica) y la plataforma vibratoria”.
Hay alimentos ‘amigos’
¿Y qué nutrientes actúan como diuréticos naturales? Los que son ricos en potasio y en agua. “El mineral, mencionado en primer lugar, está en frutas, legumbres, cereales integrales, papas, frutas desecadas”. En cuanto al agua, cubre parte del requerimiento tomando vegetales. “Ayudan al funcionamiento de los riñones y propician la formación de orina”.
Cuidado con el calzado
Tacos y zapatos muy planos pueden dificultar el retorno venoso (el sistema linfático no funciona y se favorece el edema). Para evitarlo, elegir un tacón de 3 o 4 cm, elevar los pies con frecuencia y toma alguna infusión venotónica (hinojo, té verde o rabinos de cereza).
No huir de los lácteos
A diario toma de 2 a 3, salvo quesos semicurados y curados, por su alto contenido en sodio. Este mineral regula el equilibrio de los líquidos corporales.
Y como último consejo, siempre contactar al médico que nos indicará el mejor plan adaptado a nuestra salud en particular.
