El bullying es una problemática actual. El acoso y hostigamiento entre pares se da por diversas cuestiones, desde la apariencia física hasta el rendimiento escolar. Esta situación no ocurre sólo en el plano real, sino que también trasciende a las redes sociales. Cómo detectar las señales de alerta de cara al regreso a las aulas.
A raíz de la pandemia del coronavirus, los jóvenes debieron aprender a convivir y a interactuar con sus pares desde la virtualidad. El regreso a clases implica un desafío para los estudiantes. Muchos de ellos lo harán emocionados, mientras que para otros representa un escenario conflictivo.
En diálogo con El Sol, Mayra Gómez de la ONG Abume (Asociación Bullying Mendoza) indicó que según la Organización Mundial de la Salud, “uno de cada tres chicos sufre acoso en el ámbito escolar”.
“Donde más crecen los casos son en adolescentes entre 13 y 17 años, pero entre los 6 y 12 años es el sector más vulnerable”, dijo la docente que se desempeña en el nivel secundario.
Asimismo, sostuvo que la virtualidad se presentó como un escenario excepcional ante la pandemia. “Surgieron cosas positivas y negativas. Aprendimos todos: familia, docentes. Tuvimos que adaptarnos a una nueva modalidad”.
Gómez indicó que el desafío de regresar a las aulas implica una sensación diferente en cada estudiante que dependerá de la situación individual, “de lo que viene transitando en el entorno escolar y familiar”.
En ese caso, para un estudiante que “transita su escolaridad sin mayor dificultad”, el regreso será positivo ya que ansiaba el reencuentro con sus pares y sus docentes.
En cambio, en el caso de aquellos que “ya venían arrastrando algún tipo de problemática”, que estaban inmersos en un escenario que les “generaba algún tipo de conflictividad. En caso de que no hayan registrado cambios durante el aislamiento, no hayan podido expresarlo o fortalecer sus vínculos, “para él va a ser algo negativo, va a vivirlo con angustia”.
Para Gómez, el regreso a clases debe promoverse como “un nuevo comienzo, en todo sentido”.
Así, resaltó que aquellos estudiantes que han sufrido anteriormente alguna situación de hostigamiento deben considerar que pueden establecer “nuevas relaciones sociales con los chicos, hacer visible su situación, pedir ayuda, que se abra la esperanza. Y, para los que no lo han sufrido, acercarse a los compañeros”.
Si bien, el bullying se da en muchas oportunidades en los colegios, este no es el único ámbito donde ocurre. También pueden aparecer en “clubes, entornos barriales, en todas las convivencias entre pares puede estar presente este flagelo”, sostuvo la referente de Abume.
El ciberbullying
El año pasado, el “hostigamiento físico” no se dio por la virtualidad impuesta por la pandemia. Sin embargo, creció el acoso a través de redes (como Facebook, Twitter, Instagram o WhatsApp) o ciberbullying.
“Es un tema muy presente y hay mucho desconocimiento”, dijo Gómez y agregó que esta situación registró un incremento del 33% en América Latina y España.
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En ese sentido, alertó que el país ocupa uno de los primeros lugares en el ránking que contempla esta problemática: “Es bastante lamentable”, sostuvo y enfatizó la necesidad de “concientizar y educar a la sociedad sobre el acoso”.
“Las redes son un canal propicio para acosar de otras formas. Los chicos han nacido con la tecnología, y es común que hagan un manejo positivo de las mismas, pero pueden ser muy negativas cuando le damos un uso para hacer daño, hostigar, castigar u ofender”, refirió Gómez.
Los números en Mendoza
Las pruebas “Aprender” realizadas en los secundarios en Mendoza en 2017, dan cuenta de que el 50% de los adolescentes mendocinos reconoció que insultan, amenazan o agreden a otros compañeros en las redes sociales. Sobre ese total, el 33% dice que fueron “pocas veces”, el 12% “muchas” y el 5% restante “siempre”.
A su vez, indica que el 64% ha discriminado por alguna característica personal o familias. El mismo porcentaje se repite en aquellos que reconocieron haber insultado, amenazado o agredido a compañeros.
El apartado de clima escolar de estos estudios también indica que 55% molestó a los que sacan buenas notas y el 52% a los que les va mal o repitieron.

Mientras que, a nivel primario, las “Aprender” 2018 reflejaron que el 55% discriminó en alguna oportunidad a un compañero por aspectos físicos, un 47% a aquellos que les fue mal o repitieron. Ese mismo porcentaje dijo que insultó, amenazó o agredió en las redes sociales y un 44% molestó a los que sacan buenas notas.

Las señales de alerta
Con respecto a las señales que pueden encender una alarma dentro del entorno familiar, Gómez sostuvo que “el chico que está sufriendo acoso, tiene angustia, dolor, sufrimiento y genera cambios bruscos”.
Entre ellos, destacó cambios en el patrón del sueño. “A la noche se encuentran desvelados porque es el momento en el que pueden pensar todo lo que vienen viviendo”.
También refirió que los trastornos alimenticios, “van muy de la mano con este flagelo”.
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Desde lo físico, “se ha notado que presentan trastornos gastrointestinales. De repente empiezan con dolores de cabeza, vómitos, malestares. Esto va de la mano con los nervios que viven día a día y terminan manifestándose en el cuerpo”, explicó Gómez.
Por otra parte, pueden presentarse “cambios bruscos en las calificaciones y el rendimiento escolar. Bajan las notas abruptamente, tienen que llamar la atención por algún lado”.
Además, resaltó que hay casos donde los jóvenes se aíslan con respecto a la familia y se cierran a hablar con sus padres.
En ese sentido, recomendó a los papás “estar alertas y prestar atención a un cambio brusco en el comportamiento tanto conductual como alimenticio y de sueño, porque evidentemente, algo está pasando”.
Para finalizar, resaltó la necesidad de asumir un compromiso frente a esta problemática. “No estamos tomando conciencia de las consecuencias devastadoras que tiene y, lamentablemente, crece día a día. Queremos trabajar en conjunto con la sociedad para poder educar, concientizar y cultivar valores que se han perdido”.
