Buenos días, a pesar de todo. Hoy, la mañana me puse a cafetear en la Peatonal con gente que suele estar como bocina de avión, como preservativo calado, como GPS de triciclo. Los temas fundamentales de esa charla tendiente, primero, a arreglar el mundo, y segundo, a ver quién logra irse sin pagar el café, fueron tres.

Al principio se habló del raje que le dieron a Maradona del All Boys, perdón, de Al Wasl, equipo con el que ganó fama, ganó trascendencia, ganó buenos billetes, menos partidos ganó de todo. Otro de los temas fue la división de la CGT, que ahora quiere decir Camioneros y Gordos se Trompean. Y el tercer tema fue el aumento del precio del transporte colectivo de pasajeros impuesto por el gobierno de Paco.

En esa conversación escuché argumentos de lo más insólitos. “El Gobierno necesita recaudar más, por eso aumenta el boleto y está bien, porque es un lujo; la mayoría de la gente no valora que está viajando en un Mercedes Benz”, no es joda, manifestó uno. Otro expresó: “Bueno, no es un aumento tan grande; es, en todo caso, un microaumento”.

Uno que estaba comiendo una tortita que hacía ¡pssssss! –por lo que deduzco que era una tortita pinchada– díjonos (fíjese cómo lo digo) díjonos: “En otros lugares del país, el boleto es más caro, como en Jujuy, por ejemplo”. Alguien contestó: “Lo que pasa es que Jujuy es tan chiquita que a todas partes vas caminando”.

Otro se animó a una propuesta: “Yo hubiese aumentado pero ofreciendo algo en compensación a los pasajeros, por ejemplo, ese inmundo catering que dan en los ómnibus de larga distancia”. Otro de los presentes, algo descolgado, preguntó: “¿Por qué no usan cinturón de seguridad los que viajan en micro? Ni siquiera los conductores lo usan”.

Uno, más institucional, afirmó: “Ninguno de los que tomaron la medida de aumentar el boleto de micro usa ese transporte”. “Bueno –repuso uno de la mesa de al lado– para votar la Ley de Minería no tienen por qué ser mineros. El Narigón Antonio, que es militante de La Campera, porque para Cámpora no le da, dijo: “El precio del boleto estaba atrasado; teniendo en cuenta que cada pasajero viaja diez kilómetros, que pague dos centavos por kilómetro no me parece mucho”.

Saltó el Flaco Espósito, de la izquierda proletaria de Dalvian, para expresar: “Pero los que pagan el pato son siempre los mismos, los de abajo, los que no tienen una cuatro por cuatro para ir a comprar perejil al Shopping. ¿Por qué no ponen surtidores especiales para nafta especial para autos especiales? Es decir, el que va a cargar con auto importado, que pague más, qué diablos”. La charla se acabó cuando vino el mozo con la cuenta.

El que calla otorga, así que tuvimos que pagar. Cuando estábamos por retirarnos se acercó a la mesa un hombre humilde y nos pidió: “Me dan un peso para el micro, por favor”. El Pelado Magallanes dijo: “Qué desactualizado, por Dios. Qué desactualizado”.