La mayoría de las industrias en la actualidad operan bajo los estrictos principios del capitalismo y la máxima eficiencia y ganancia posible. Esto, lamentablemente, muchas veces va en contra de objetivos de índole social y ambiental. Así, en general esta visión cortoplacista genera pan para hoy, hambre para mañana, y este modelo se repite prácticamente en todas las industrias, que utilizan recursos de forma no renovable y depredativa, sin tener en cuenta muchas veces en el impacto externo de estas prácticas.
La industria de la construcción no está exenta de esta polémica. No sólo muchos de los materiales de construcción más utilizados en la actualidad son extremadamente contaminantes, si no que la forma en que se extraen o producen es también depredativa, y no tiene en cuenta en absoluta la renovabilidad de los recursos, y la armonización del objeto construido con el medio en que se encuentra, respetando el ecosistema, sus materiales, etc.
La bioconstrucción surge como la respuesta ambientalmente responsable a la pregunta de ¿cómo hacer que la construcción tenga el menor impacto negativo sobre el ambiente?
Algunos de los principales principios que rigen a la bioconstrucción:
Utilización de materiales de bajo impacto ambiental (reciclados, reciclables, biodegradables, etc).
Localización saludable para el ambiente y sus habitantes (lejos de fuentes contaminantes, etc).
Integración con el entorno de forma orgánica.
Optimización de recursos naturales (agua, energía, calefacción natural, luz).
Ahorro energético.
Recuperación de residuos.
Bajo costo.
Este último no es un tema menor. La bioconstrucción tiene como objetivo no sólo el cuidado del medio ambiente, sino también fines sociales de protección y acceso a los servicios básicos de los sectores desprotegidos de la sociedad. Se estima que construir una casa con métodos de bioconstrucción puede costar un tercio de lo que cuesta una casa construida con medios tradicionales.
En la Argentina, poco a poco más municipios van implementando formas de bioconstrucción en sus códigos edilicios. Como siempre que se implanta un nuevo paradigma, el mismo despierta resistencias en ciertos sectores de la sociedad. En este caso, esto se puede ver en los defensores de la construcción tradicional. En general el tiempo logra demostrar las ventajas de las nuevas tendencias hasta que terminan reemplazando a las viejas por sus propios méritos.
Es habitual, y particularmente en Mendoza, escuchar críticas a la bioconstrucción del tipo de: “Mendoza es una zona sísmica y por ende no se puede construir viviendas de barro o adobe ya que no serían seguras”. Esta es una falacia que se apoya, con lógica, en el pasado de la provincia, en el cual algunos terremotos destruyeron muchas casas y construcciones de adobe.
Gernot Minke es el “padre” de la bioconstrucción. Este ingeniero y catedrático alemán ha dedicado toda su vida a enseñar técnicas de bioconstrucción. Sus casas y edificios de adobe y materiales naturales resisten las más extremas condiciones climatológicas y sísmicas. Minke ha dictado cursos al respecto en las más prestigiosas universidades internacionales, y escrito múltiples libros y ensayos sobre el tema. Cualquiera que desee investigar más sobre el tema puede encontrar información en internet fácilmente.
Desde este espacio celebramos la noticia de que la bioconstrucción este cada vez más cerca de la realidad cotidiana de los mendocinos y argentinos, como cualquier cambio de hábitos tendiente a cuidar el planeta y a nosotros, sus habitantes.
Quique Fontán Balestra
