A poco más de un mes y días de terminar el 2017 sentís que “literalmente”… ¡no das más! Y es que ya sea que se le culpe a la altura del año o a una necesidad imperiosa de tener por fin vacaciones, lo cierto es que cada día, te sentís más agobiada, sobre todo en lo relacionado con el trabajo.

Decimos que por eso estamos cansadas. Aseguramos que hay cuestiones externas que nos llevan a estar sobrecargadas en el trabajo. En cierto punto, muchas veces es cierto que la cantidad de tareas y responsabilidades que se nos exigen pueden ser demasiadas pero, por otro lado, es uno mismo el que tiene que saber fijar un límite para no terminar abrumadas, sobre pasadas o, como se conoce en el ámbito de la psicología, padeciendo el Síndrome de Burnout.

 Así, sentirse agotado, deprimido e incapaz de hacer el trabajo diario son señales de un desgaste profesional, que puede convertirse en burnout (quemado), un problema relacionado con ambientes laborales altamente competitivos, largas jornadas y estrés.

Durante años se pensó que este problema era un hecho natural, vinculado en especial a ciertas profesiones como la enfermería y la docencia. Hoy es diferente. “Este problema no distingue actividad, ni escalas en la organización. Si hay un esquema de supervisión excesiva, combinado con poco respeto laboral o miedo a perder el trabajo,  el resultado es sentirse exhausto, quemado”, señala la psicóloga Berenice Vallejo.

Sin embargo, aun cuando se le eche la culpa a factores externos, muchas veces el trabajar en exceso no obedece a necesidades laborales objetivas, sino que es motivado por requerimientos internos de cada persona y justificado de distintas maneras como, por ejemplo, la posibilidad de reconocimiento o ascenso profesional.

En general, aquellas personas que presentan estas características son personas de entre 30 y 55 años, profesionales independientes o con mandos intermedios, las que vuelven al trabajo el centro de su vida y lo usan como un resguardo, poniendo en segundo plano lo demás.

¿Sentís que necesitás días de 48 horas, terminás cancelando actividades personales y te llevás el trabajo a casa? Más allá de las exigencias del trabajo propiamente dichas, está bueno preguntarse cuánto hay en todo esto de la necesidad de complacer, ser perfeccionista y la obsesión por el control. Es importante recordar que la calidad y efectividad no siempre van en sintonía con la cantidad de horas que se le dedica  a una tarea.

Algunas de las señales de que estás próximo a un síndrome de burnout:

1. Cansancio al límite. Sentirse exhausto todo el tiempo es la primera señal de alarma, se experimenta agotamiento físico y mental.

2. Hacer ¿qué? Cuando se padece estrés crónico es común que las habilidades cognitivas se afecten. Mínima concentración, dificultad para tomar decisiones u olvidos recurrentes son síntomas comunes.

3. Del estrés a sentirse mal. Sufrir agotamiento laboral desencadena problemas de salud física como insomnio, trastornos digestivos y un bajo sistema inmune. Además, un ritmo de trabajo agobiante se asocia con hábitos como beber alcohol, mala alimentación y poca actividad física.

4. Poco interés. ¿Te cuesta levantarte cada día para ir a la oficina e incluso te enfermas? La falta de entusiasmo respecto al trabajo es una señal característica del burnout.

5. Irritabilidad. El burnout puede provocar diversos comportamientos negativos como tener frustración, negatividad, cinismo y cambios frecuentes de humor dentro y fuera del trabajo.

6. Baja productividad. Una medida para saber si tu desempeño “va en picada” es comparar el rendimiento actual con el que tenías al poco tiempo de iniciar ese trabajo, ¿hay una diferencia importante? Cuando el trabajo comienza a desesperar es común que la calidad de las entregas sea deficiente.

7. Escasa vida social. Cuando las personas viven para trabajar es común que dediquen cada vez menos tiempo a su vida social y a sí mismas.

Entonces, ¿qué tener en cuenta para “bajar un cambio” en el trabajo?

# Las áreas del deseo en toda persona son varias, no solo la vocación o el trabajo, también el placer sexual y los vínculos afectivos íntimos y sociales, y es necesario darle espacio a cada una.

# El trabajo diario, como todo programa o proyecto, debe tener un comienzo y un final por lo cual es importante fijarse horarios y objetivos, dentro de otro conjunto de actividades como el tiempo de relax, el deporte, las reuniones con la familia y las salidas con amigos.

# Afrontar aquello que incomoda es mejor que taparlo o evitarlo: pensar o sentirse menos hábil en alguna otra área de la vida, no se compensa incrementando el “rendimiento” en el trabajo.

# Por último, si sentís que el estrés te desborda, es necesario pedir ayuda y consular con un profesional.