Buenos días, a pesar de todo. Hay noticias en los medios que a veces nos reivindican con los medios, sólo a veces. Quiero decir noticias con un alto contenido humano, pletóricas de enseñanzas, con ejemplos que hablan a favor de la vida, decididamente a favor. Bueno, entre tanta inmundicia de violencia. Bárbara Castro García era una periodista española que, después de un extenso noviazgo, se casó con el elegido e inmediatamente se embarazó.

Tomaron la noticia con euforia de tanto querer a quien los iba a continuar, el hijo. Entonces, todo fue alegría. Pero la tragedia se ensañó con ellos. En pleno embarazo le descubrieron a Bárbara un cáncer en la lengua. Podía tener un tratamiento adecuado que amortiguara, al menos, su enfermedad, pero sabiendo que ponía en riesgo la vida de su hija, Bárbara rechazó cualquier intento, cualquier fármaco que comprometiera eso que crecía en su vientre.

La bebé nació bien, ya cuenta un añito, pero a Bárbara no pudieron salvarla, murió la semana pasada. Hasta aquí, la noticia, una noticia pletórica de amor, una forma de exaltar el sentimiento de madre y su alcance más allá de la muerte, un sacrificio de lo propio por eso que lo propio engendró.

Compañeros cantautores del mundo: Bárbara está mereciendo una canción, una canción, al menos, que difunda, viento adentro, ahí, en el lugar en que se embarazan los vientos esta historia de amor que no puede quedar sólo en los anales de un hospital. Sé que vos, que me estás mirando, amiga mía, harías lo mismo por tus hijos, en vientre o en vida suelta, sé que no dudarías ante la opción: “Lleve mi vida, Señor que da la vida, pero no la de mi niño”.

Debe ser el colmo de la bondad, la cumbre de todo sentimiento, hay que tener agallas para entregarse toda, hasta el mínimo segundo de su vida para que su semilla pueda contar calendarios. Sé que vos, que me estás mirando, vos pobre, vos madre del espanto, tal vez ofrezcas trocitos de tu muerte todos los días, cuando dejás en boca de tu hijo tu bocado, cuando te pasmás de frío para que él pueda tener una frazada más, cuando, a pesar de los dolores del día, estás dispuesta, con sonrisa y todo, a cerrar la noche con una canción de cuna.

¡Vaya con las mujeres! ¡Cuánto coraje! ¡Cuánta hombría de bien diría si no estuviera diciendo una contradicción! Lo digo correctamente: ¡Cuánta mujería de bien! A veces, los medios nos dan noticias que rescatan lo mejor de la vida, aunque lo mejor implique una muerte. Muchacha, porque apenas sos una muchacha, muchacha con vástagos, reparte tu sustancia de mujer por tu calle, por tu barrio, por tu ciudad, que con esa sustancia haremos el mejor futuro. Gracias, Bárbara, sé que es una estupidez lo que voy a decir, pero, feliz muerte, muchacha.