Memento Mori se denomina en la historia del arte a las representaciones de los difuntos. Antes incluso de que existiese la fotografía tal como la conocemos ya había retratos de muertitos. Desde mediados del siglo 19, cuando todavía era daguerrotipo las familias vestían a sus difuntos, los ponían en poses pretendidamente vitales y, como en la canción de Luis Miguel, “¡de pronto, flash!”.

Eran épocas en donde había mucha muerte infantil, entonces los padres contrataban un fotógrafo para que retratase a los hijitos muertos, un recuerdo. El nenito quedaba para siempre captado en poses que disimulaban su estado. Ojitos tétricamente abiertos para toda la eternidad que durase la fotografía.

El amor después de la muerte.

Durante la cuarentena Argentina se ha convertido en un Memento Mori que no acaba, una representación gris de todo lo que se termina, una nube, una enorme nube que no se va. A los ninguneados 37 mil muertos de la peste peor enfrentada se le suman las decenas de víctimas fatales víctimas no de la peste sino de la cuarentena que el DNU presidencial habilitó y ahora silba bajito porque, por supuesto, este gobierno tiene dos máximas que dirigen su plan de estado:

  1. “La culpa es del otro”.
  2. “Vamos viendo”.

A tantas muertes, esta semana se le sumó la anunciada de un ídolo popular. Memento mori de luxe, nadie se quiso privar.

Memento Mori Funerario

Desde la empresa, compungidos, dijeron que fueron tres empleados tercerizados contratados sólo para llevar los materiales de la capilla ardiente, como los pedestales y los atriles. Que los tercerizados estuvieron a solas con el cuerpo por pocos minutos, mientras los tres hermanos y el papá, responsables de la empresa Sepelios Pinier ultimaban con Claudia los detalles del traslado. Y que en esos minutos, primero el pelado con cara Schrek y después los otros dos, padre e hijo, se dieron el gusto de sus vidas: se sacaron una foto con el cuerpo ya sin vida de Diego Maradona, acomodando en su féretro.

En la segunda foto, el pibe de anteojos está feliz.

Lo logró.

Una foto con Maradona. ¿Por qué él no tendría lo que tienen desde Fidel a Colin Farrell, desde Queen a Ricky Martin?

Soy alguien, una vez compartí una foto con Maradona. Vivo o muerto, no importa. Soy alguien. Memento mori de empleado de funeraria.

Los tres empleados tercerizados pagarán muy caro la osadía de haber hecho lo que millones de argentinos hubieran hecho si hubieran tenido la posibilidad. Esto no los disculpa, sólo reconoce la hipocresía de la indignación, tan común en estos días.

Memento Mori sincero

Se abrazan. Nadie sabe si se conocen o no. Es un misterio para quienes no entendemos de pasiones de pelota. Diego les dio algo y ese algo los hizo brillar. Es dolor y es la muerte. Ante eso, sólo hay algo: respeto. Lo demás está demás.

Memento Mori educación

Son tres, dos muchachos y una chica.

Con barbijos, claro, porque estamos en tiempos de cuidarnos. Y si ese cuidarnos del virus nos inocula la peste de la ignorancia, no importa. Por algo somos el único país del mundo que se salteó un año de clases presenciales. Hubo muchísimos docentes que trabajaron y mucho este año, intentando suplir las carencias de un país empobrecido. Pero no hubo ni autoridades nacionales ni sindicatos que previeran una salida al desastre; o al menos, que demostraran un mínimo interés por la educación.

Es todo demasiado obvio, una provocación imperdonable.

CTERA, memento mori de la educación, diciendo “Gracias Diego” y un guardapolvo escrito “Por tus clases de dignidad”.

Más de un millón de chicos dejarán para siempre la educación formal y con ella, su posibilidad de dignidad. Y todavía tienen la caradurez de hablar de dignidad, mezclándose sin problemas entre decenas de miles de personas porque el contagio sólo se da en el aula.

Los sindicalistas que representan a los docentes que tomaban lista nombrando a Santiago Maldonado, que bajan la nota si el alumno no es genuflexo y no repite esos palotes políticos prendidos con alfileres, esos sindicalistas no levantaron un dedo para que los chicos tengan clases presenciales.

“Hasta que no haya vacuna no vamos a volver a la escuela” dicen los gremios. Los docentes que quieren encontrarse con sus alumnos no tienen voz dentro de los sindicatos. Deben organizarse casi clandestinamente, aparte. Docentes blue. Pero claro, ellos no andan sacándose fotos de dignidad colgados de un futbolista querido.

Ellos son docentes.

Ellos son decentes.

Memento Mori BarraBrava

Se llama Patio de Honor pero se lo conoce como “Patio de las Palmeras”. Tres de las palmeras son las originales, plantadas en 1904. La cuarta no. Es de 2018.

Es la más petisita, la nueva del grupo.

Las otras tres ya habían vivido eso que demagógicamente se llama “fiesta popular” y es nada más que una versión de la marginalidad que usa la pelota como excusa para negociados, narcotráfico y violencia pero nunca habían sufrido gases lacrimógenos como el jueves pasado. Porque por primera vez en su historia de presidentes democráticos y de dictaduras, se disparó gas pimienta y bombas de gas lacrimógeno en la Casa más importante del país, la residencia del poder, un lugar que debería ser sagrado pero coso. Fue poco más de media hora de descontrol que no se vio porque la transmisión televisiva fue monopolizada. Una sola empresa mostraba el interior de la Casa Rosada, no vaya a ser cosa que alguien imagine que se puede televisar otra verdad más que la oficial.

Fue por eso que el país no vio la locura de barras bravas paseando la bandera de “Los traidores pagarán su culpa” que, como contó Gustavo Grabia en Infobae, pasearon los de la Banda Mostro, una escisión de la barra de Almirante Brown que por suerte no se cruzó con la facción de Los Dengues, liderada por el puntero K Jesús “Pucho” Carrizo, porque ahí el desastre hubiera sido mayúsculo, mientras Presidente Coso y Presidenta Vice se encerraban en sendas oficinas. Ella usando la máxima “La culpa es del otro” mandó a Wado de Coso a tirarle cualquier responsabilidad al gobierno de la ciudad de Buenos Aires. 

Eso que le sobraba a Maradona pareció faltarle al gobierno de la Ciudad, que sólo respondió lamentando que se politice el día. 

Volviendo al patio, Jesús “Pucho” Carrizo es recordado porque en junio de 2013 le embocó un piedrazo a la caravana de un político que supo ser opositor, mientras realizaba una gira proselitista por La Matanza. Ese político, que en aquel momento aseguraba que iba a barrer a los K y ésa era su misión en el mundo, hoy ya no recibe piedrazos del Pucho. Es Sergio Coso Massa, para lo que guste mandar.

Otro gran momento de Jesús Carrizo fue cuando cayó preso junto con otros 20 barrabravas de las facciones “la Banda Mostro”, “la Justina” y “Los Dengues” en mayo del ’18 en un operativo antidrogas del Aprevide y consiguió mágicamente que la Justicia le diera domiciliaria con tobillera electrónica.

Lo cierto es que según cuenta también Grabbia, “Los Dengues” salieron en micros desde La Matanza y tuvieron vía libre para entrar a la casa donde se supone se definen los temas del país. La misma casa en donde el Rafa Di Zeo, que no podría entrar en la cancha de Boca fue recibido por orden de la familia del homenajeado. Porque así funcionó la Casa Rosada en esas horas de descontrol y Estado ausente.

El Presidente Pucha dijo al día siguiente “debimos haber previsto la presencia de barrabravas” y aclaró que “el gobierno no tiene contacto con ellos”. Prometió una investigación hasta las últimas consecuencias, faltaba más.

Se ve que el gobierno no tiene nada que ver con “las manos amigas que trabajan en sus municipios” como llamó Grabia a quienes abrieron las puertas por los costados mientras la gente esperaba al rayo del sol. El memento mori del lugar se viralizó gracias a los propios barras, tan contentos de pasear sus teléfonos por entre las palmeras.

Lamentablemente nadie registró el momento en que una señora, en absoluto ataque de nervios, tiró al piso el busto de Hipólito Yrigoyen, que se partió en varios pedazos.

Memento Mori Chiquito

Piensa tan chiquito cada vez.

Le queda todo tan grande.

Se nota todo tanto.

Le importan cosas tan chiquitas.

Es todo tan avaro, tan menor a su alrededor, tan de ventajita entre terceras líneas de pelafustanes rosqueros de unidad básica con sillas de plástico y ceniceros que nadie vacía, que impresiona.

Muere el ídolo deportivo más popular del país y él no quiere perder la oportunidad de armar su épica de morondanga, su fuga hacia adelante, su vamos por todo segunda selección.

Entonces inventa una epopeya sólo posible en su mundo paralelo de Foro de San Pablo y canciones obvias mal rascadas en la guitarra. Pretendía que del amor al ídolo de millones de personas, cayeran algunas migajas para ligar algo.

Pues no.

Mientras muchísimos argentinos se entristecieron de verdad por lo que consideran una pérdida, él bajó exultante a sacarse una selfie con el pueblo, como si le perteneciera, como si fuera un líder de masas.

Como si le importase a alguien.

Memento mori chiquito.

Sí, el presidente más triste de la historia democrática argentina se sacó una selfie con la multitud que esperaba para entrar a ver a su ídolo. Horas después apareció su presidenta vice con quien hace cuarenta días que no habla y se quedó cada uno en oficinas distintas para no verse. Como chiquitos de la primaria que cruzan al otro patio para no verse. Bueno, ahora no. Los chiquitos de primaria no saben lo que es un patio porque al triste y a su vice no les importó.

Fake Memento Mori

Decenas de miles de fanáticos esperando desde la madrugada por una convocatoria confusa hecha desde el Gobierno. Habían avisado que esperaban a un millón de personas.

Y entonces los fanáticos aparecieron.

Pero cuando lo avisaron ya sabían que no iba a durar más que 10 horas. Imposible que pasase un millón de personas en ese tiempo. Este gobierno en gerundio aplicó su segundo axioma: “Vamos viendo”.

Confiaban en que la familia, presionada por todos lados, finalmente accediera a estirar el horario y hacer el show mortuorio de 48 horas que necesitaban para darle algo de épica y emoción al gobierno más mediocre y gris que la democracia recuerde.

Pero antes aún de las 16 y mientras mandaban a decir que se iba a estirar el horario, apareció ella.

La que no dijo una palabra de ternura cuando después de ser torturado durante horas, mataron a su secretario privado; el pibe que durante años le alcanzaba la cartera, que la acompañaba en cada viaje, soportaba sus gritos, sus enojos más íntimos, sus rabietas de soberbia.

Ni una palabra.

Esa señora fría y calculadora que intelectuales, científicos y artissstas consideran madre amantísima y que tampoco tuvo una palabra de consuelo para los 37 mil muertos de la pandemia, y todas las víctimas de la cuarentena que nos llevó a ser los segundos peores del mundo en su manejo.

Pero eso sí, llegó ella, la megamechera intergaláctica y mandó a cerrar las puertas ante el pueblo que esperaba bajo el sol.

Nada de juntarse con los sufridos peregrinos.

Nada de mirar a la cara a la gente a la que estafó una y otra vez.

Una vez que la sala del féretro estuvo vacía, una vez que un turiferario acomodó la camiseta de Gimnasia y Esgrima sobre la bandera argentina, porque prioridades son prioridades, consiguió lo mismo que el empleado de la funeraria. Su memento mori.

La foto con el difunto disparada por su fotógrafo personal.

Si para conseguir esa foto mezquina de toda mezquindad hubo que frenar a quienes esperaban bajo el sol; si eso hizo que el tumulto en la puerta de entrada más la bronca de los que veían colarse a los barras por los costados consiguiese que todo explotara por los aires, no le importó.

Porque ella quería su foto.

Una foto en donde los ojos se le van hacia el brillo de la copa de oro falso; una foto como banalización del mal; una puesta en escena de una actriz que sólo tiene 2 o 3 rictus trágicos; una foto como símbolo de amor a un pueblo al que sólo soporta de lejos y como claque.

Tan ella que duele.

Después del encontronazo de decenas de miles de personas sale el presidente Coso sin ninguna autoridad a gritar para todos los que no son él y los suyos, aspo y dispo y que no se relajen que esto no terminó.

Es cierto Presidente Coso, es imposible relajarse, esto no terminó. Faltan 1107 días

Y así, sin hablarse y cada uno por su lado se fueron Presidente Coso, Presidenta Vice con su memento mori.

Dicen que la frase “Memento Mori” viene de una costumbre de la antigua Roma. Cuando un general desfilaba victorioso por las calles, detrás iba un siervo que para bajarlo a tierra, iba diciendo “memento mori”.

Por si algún desprevenido lector no sabe latín, en castellano, Memento Mori quiere decir: “Recuerda que puedes morir”.