Después dicen que nosotros copiamos todo lo que viene del Norte, que, como dice Benedetti, el Norte es el que ordena. Pero resulta que ahora los españoles nos han copiado el cacerolazo. Las protestas que se han instalado en la península utilizan las cacerolas como símbolos, como cuando nosotros estábamos impregnados de De la Rúa y salimos a decirles a los políticos: “Que se vayan todos”.

    Pues no tuvimos suerte, se quedaron todos. Lo que debemos atender es el nacimiento y crecimiento de movimientos de gente en muchas partes de Europa, gente que se autodenomina Indignados, pero que empezaron estando no conformes. Disconformes con los sistemas, códigos, relaciones y estatus de esta sociedad que la misma Europa engendró. Es una especie de “basta” colectivo.

    Dije antes movimientos de gente, porque no me atreví a decir movimientos populares ya que los sectores más carenciados de España no están ni estuvieron presentes en las protestas. No es el pueblo lumpen que alguna vez produjo la Revolución Francesa, o el que generó la protesta campesina en Chiapas, o el octubre del 45 en la Argentina; es el sector de la clase media ciudadana que se revela a las actuales condiciones y pide un cambio, otra cosa, una novedad que los haga más felices, porque de eso se trata, ¿no? Sus reivindicaciones no son muchas pero tienen que ver con lo social, lo político y aun lo ambientalista.

    Me quedo en uno de sus pedidos: democracia real; parece una contradicción porque real viene de rey y la monarquía no es una cosa que tenga que ver con la democracia. Claro que el concepto es otro, cuando dicen democracia real están diciendo una democracia que sea verdaderamente democracia. ¿Hemos arribado los hombres a un estado crítico del sistema político que ha adoptado gran parte de la humanidad?¿ Se acabó la forma de Pericles y en el siglo XXI pretendemos algo más?

    Me ha hecho pensar este acontecimiento, y les confieso algo: yo sé que la democracia, a veces, ha demostrado defectos, pero siempre creí que eso era imputable a los hombres que ejercían la democracia, errores de funcionamiento no de sistema. Ahora he comenzado a plantearme: “¿Puede haber un sistema mejor?” En todo caso, ¿cuál? Por supuesto que no lo sé, pero pienso en referendos, pienso en plebiscitos, pienso en asambleas permanentes y pienso en la utilización de internet y las redes sociales metidas en los asuntos más profundos de un país, dando opinión, sumando adhesiones para una idea u otra.

    Entonces me digo: no es la democracia, Jorge, la que está siendo criticada en su generalidad, es, dentro de la democracia, el sistema representativo. Me parece que ya no basta con elegir a una persona que nos represente y que después se olvide de los representados. Me parece que aquí está el quid, el centro, el nudo de la cuestión. Creo que lo republicano y lo federal, que son condiciones de nuestros gobiernos, no son los cuestionados, creo que es lo representativo lo que se cuestiona. Y creo, también, que tenemos que pensarlo al menos, porque tal vez, en un futuro no muy lejano, el perfeccionamiento no esté en las urnas sino en internet. ¿Quién le dice, no? Algo está pasando. La historia está mirando por la hendijita.