El Jenga, un juego de habilidad física y mental que hizo furor en los 90, volvió con un par de reglas cambiadas y es un fijo en la previa de los adolescentes. Ahora, las maderitas incluyen inscripciones con retos. El que pierde tiene que beber un trago, obligar a otro a tomar o hacer fondo blanco.

Los especialistas advierten sobre las consecuencias de consumir por “atracones”, donde rápidamente se ingieren 5 o más unidades de bebida estándar (unos 10 gramos de alcohol) en un corto tiempo. El colapso se logra más rápidamente, porque la mayoría de estos juegos se dan con destilados que son de alta graduación alcohólica. Sólo en la guardia del Lagomaggiore se recibe a unas 7 personas por día con este tipo de intoxicación.

Los juegos para emborracharse van desde aplicaciones para celular con ruletas, hasta el típico verdad/consecuencia, que se pueden encontrar reversionados por internet con el video tutorial y el “reglamento para tomar”. Incluso, se pueden comprar vía online. Uno de los más promocionados es el Drunken Tower, que viene con los shots (vasitos).

Los más utilizados entre los chicos son el Yo Nunca Nunca y El Duro porque no necesitan demasiada producción. El primero consiste en hacer preguntas atrevidas, por ejemplo, “yo nunca besé a mi mejor amigo”. El jugador que lo hizo debe tomar.

Mientras que, el segundo nació en las tabernas españolas. Se juega con un vaso por persona, se hace rebotar una moneda o pelotita contra la mesa, si entra en uno de los vasos, el dueño tiene que beber.

“El reto más habitual es tomar escabio en grandes cantidades, bastante heavy”, detalló Iván (18), quien contó que, usualmente, se juntan en la casa de algún amigo. “Como todos somos mayores de edad, cada uno lleva su consumición. La regla es no intervenir, si alguien dice ‘no tomo más’, no lo molestamos, tal como si uno quiere quebrar, que lo haga”, acotó.

Naturalizar el consumo de alcohol

El titular de Toxicología de la Provincia, Sergio Saracco, analizó la situación y afirmó que “es parte de la cultura postmoderna, donde el consumo ha pasado a ser lo principal y la mercancía es una mera circunstancia”.

“Lo que hay que ver es cuáles son las circunstancias que llevan a consumir sustancias psicoactivas para abstraerse de la realidad y así poder divertirse. Eso es lo grave. Lo demás son distintas herramientas para lograr el fin”, señaló.

Según el último informe de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), 60% de los jóvenes de entre 12 a 17 años ya ha ingerido alcohol en alguna oportunidad.

“El problema en esta edad es que los procesos madurativos a nivel hepático no han concluido, por eso son más vulnerables al efecto del alcohol. Hemos tenido chicos que han terminado internados en coma, sin que necesariamente hayan tenido una ingesta importante”, dijo.

“Antes, los bebedores terminaban a edades superiores a los 60 años con cirrosis; ahora, lo vemos en adolescentes como consecuencia de los atracones esporádicos, sobre todo, los fines de semana. Además, se relaciona estrechamente con mayor daño en el cerebro”.

Por su parte, Dante Baquerizo, jefe de Guardia del Hospital Lagomaggiore, detalló que se dan 5 consultas por intoxicación alcohólica por día durante todo el año y aumentan a unas 7 en la época estival.

“Hace diez años, estas consultas se daban viernes, sábado y domingo. Actualmente, son prácticamente de lunes a lunes. Llegan personas de entre 14 y 60 años, pero el grupo más frecuente es el de entre 20 y 30 años”.

El rol de los padres

“El juego de tomar no es nuevo. Lo que antes se hacía con cartas, se hace con la tecnología. Se hace más visible porque está al alcance de todos”, sostuvo Hugo Ocaña, el psicólogo clínico del Centro de Adicciones de Las Heras, perteneciente al Programa Provincial de Adicciones.

El profesional detalló que desde hace unos años es habitual que las previas se hagan en las casas con el aval de los padres. El pensamiento de los adultos se basa en intentar controlar la situación. “Prefiero que tome en casa a que se vaya a otro lado sin saber qué consume”, expresan.

Sin embargo, comentó que hay muchos padres que a temprana edad creen que el hijo puede tomar decisiones solo y no saben adónde van. “A Algunos se les dificulta continuar con una paternidad que haga a la contención”, dijo, y remarcó que los adolescentes que atiende con problemas de consumo tienen dificultades con el seguimiento de sus progenitores o las personas que cumplen el rol parental.

Para el psicólogo, es fundamental estar atentos a los indicadores que podrían revelar que el chico está atravesando un problema con el consumo, como abandono escolar y aislamiento.