Mientras nuestro país andaba de asunción en asunción, y ponete la banda, tomá el bastón, discursos, aplausos, algún que otro bombo y ¿”juráis por Dios y la Patria cumplir y hacer cumplir…”?, en el mundo seguían pasando cosas importantes.Una de ellas fue la entrega del premio Nobel de la Paz, que alguna vez merecieron dos argentinos: Carlos Saavedra Lamas (muy pocos se acuerdan de él) y, el más reciente, Adolfo Pérez Esquivel.

    Esta vez le tocó el galardón máximo que entrega la fundación sueca fue para el director de una agencia en las Naciones Unidas que estudia el cambio climático y para el ex vicepresidente de los Estados Unidos de la USA que nos usa Al Gore.

    Es curioso que un ex vicepresidente de Estados Unidos sea premiado con el premio Nobel de la Paz, cuando es el país que permanentemente está en guerra. Ocurre que cuando dejó su cargo, Al comenzó a preocuparse de qué le estaba pasando al planeta, y el hombre se asustó cuando vio lo que vio, y cuando le dijeron lo que le dijeron se agarró la cabeza con las manos y dijo: “¡Oh, my God!”.

    También nos agarraríamos la cabeza si nos diéramos cuenta de lo que está pasando con nuestro planeta. Son palabras del premio Nobel de la Paz: “Nosotros, la especie humana, estamos confrontando una emergencia de alcance planetaria, un amenaza a las supervivencia de nuestra civilización, que incrementa su ominoso y destructivo poder inclusive en los momentos en los que estamos aquí reunidos”.

    En su discurso, Al instó a China y a Estados Unidos, a reducir sus emisiones de gases contaminantes, ya mismo, no podemos esperar más. Esto no es un asunto para dejar para más adelante, porque puede no haber adelante, así de simple. Este es el planeta azul y se ve hermosísimo a la distancia de vuelo de satélites, naves y astronautas, aunque parece que nos empeñamos en hacerlo cada vez más gris. Que la vida salve a la vida, por favor.