En ese concepto nos tienen muchos y deben tener sus razones, tal vez tengamos una tendencia a creer que tenemos un plus de viveza, la llamada viveza criolla, que nos permite sobresalir en cualquier lado. Veamos lo de la Copa América, yo sé que es doloroso pero volvamos a ella. La Copa fue cubierta periodísticamente como un gran acontecimiento. Todo Venezuela estaba poblado de periodistas argentinos. Y aquí viene el tema del agrande. Lo hicieron candidato a nuestro equipo después del primer partido. Le ganamos a Estados Unidos y ya éramos uno de los mejores equipos.
A medida que pasaban los partidos, las alabanzas eran mayores: se habló de juego exquisito, de equipo estrella, de jugadores ideales, de jugadas maravillosas. Messi y Riquelme fueron alabados hasta el hartazgo, un diario llegó a decir que un Messi más un Riquelme eran un Maradona, como si el asunto pudiese comprobarse con fórmulas matemáticas. Y antes de la final, como Brasil no había demostrado mucho, se exageró con el optimismo, todos pronosticaron que Argentina le ganaba a Brasil y por goleada.
Ese es el agrande del cual les hablaba desde el inicio. Porque si uno ve las cosas desde un lugar más alto del que están, después, si se cae, el golpe ha de ser más duro. Tendrían que haber sido más cautos, más atildados en sus observaciones y comentarios y considerar que en frente estaba un equipo que no por nada ha ganado cinco campeonatos del mundo. Nos agrandamos otra vez y la realidad suele ser muy dura.
