Cruza las piernas, las descruza, se mueve para acá y para allá, cambia de posición dos o tres veces por segundo. Ese espíritu inquieto y lleno de energía fue el que llevó a Agatha Ruiz de la Prada a emprender en el mundo de la moda habiendo nacido en el seno de una familia aristocrática. La reina de los corazones armó ladrillo por ladrillo un imperio lleno de color desde principios de los ’80 cuando realizó su primer desfile en el Centro de Diseño de Madrid. “El negocio lo he aprendido solita, tengo bastante sentido común, a veces”, comenta entre risas la diseñadora.

No es la primera vez que viene a la Argentina, pero asegura que aún le quedan muchas cosas por hacer. Además, se lamenta de nunca haberle escrito a Mauricio Macri cuando resultó elegido como mandatario y se declara como “su fan”. En América latina recién desembarcó a fines de 2016 cuando abrió una tienda en Bogotá, aunque destaca que el futuro de la industria está en Internet. “¿Qué tan introducido está Amazon aquí?”, pregunta curiosa. Estar en los detalles es uno de los pilares que le permitieron seguir vigente en una industria en la que la competencia es ardua.
“Estamos en un momento de tal cambio en el negocio que nadie sabe qué hacer”, afirma Ruiz de la Prada. Su breve estadía en Buenos Aires tiene como principal motivo participar del tradicional té y desfile Six O’ Clock Tea organizado por Carminne Dodero. Si bien señala que lo que más le divierte de su profesión son los desfiles, reconoce que no le gusta para nada recorrer tiendas. Durante la charla se refirió al ocaso de la alta costura, por qué los jugadores del mercado no pueden competir con Inditex, cómo cree que tienen que reinventarse las tiendas y qué significa la “democratización de la moda”.
Hace poco dijiste que las tiendas eran un “quebradero de cabeza”, ¿por qué?
Son muy complicadas, la idea de una tienda antes era muy romántica. Tener una es divertido porque vender es muy divertido, a mí me encanta, pero empiezan a subir los alquileres a tope y se convierte en una cosa muy profesionalizada. Ganar dinero con ellas es difícil porque son un pozo infinito de salida de dinero. Inditex debe tener más de 7000 tiendas (N.d.R.: actualmente controla 7292 tiendas en 93 mercados), entonces luchar contra eso es imposible, ellos han cagado completamente con el sistema. Encima cuando un creador joven hace un traje le cuesta un montón y te lo vende al mismo precio que Christian Dior, no te conoce nadie, pero el pobre te lo vende al precio que a él le ha salido.

Entonces, ¿no se puede competir con las grandes compañías como Inditex?
Ni me lo planteo, cuando vas a ver una de sus fábricas te alejas de toda la idea porque ves una nave por la que pasan 50.000 pantalones por segundo y piensas: “Esto no lo voy a poder tener nunca”. En realidad no quiero, ni puedo; sobre todo, no puedo (risas). Entonces te inventas otras cosas.
¿Por qué decidiste abrir tiendas a la calle en lugar de seguir vendiendo tus diseños en tiendas de otros?
Estaba ganando muchísimo dinero y no sabía cómo invertirlo, entonces pensé que abrir tiendas era la mejor inversión porque en ese momento todos los diseñadores se volcaban a eso. Todos decíamos que teníamos que hacer lo mismo que Inditex, pero luego te das cuenta que no puedes hacerlo. El día que dejas de ganar dinero, te empiezas a ajustar. Además, el Estado español antes ayudaba a la moda española porque había muchísimo dinero, en cambio, ahora no quieren ayudar porque ya no pueden y lo entiendo.
¿Te arrepentiste en algún momento de haberlas abierto?
No, porque para mí han sido fundamentales como elemento de comunicación. En Nueva York me he llegado a quedar dos meses y, aunque era un poco sacrificado, me pasaba todo el día ahí. En la de Madrid tengo tanto lío que cuando voy no me quedo un día entero. Ahora teóricamente lo que tendría que hacer es pasar una semana al mes en cada tienda.
Vivirías arriba de un avión…
Pero es que lo he hecho por muchos años. Amancio Ortega ya no conoce el 90 por ciento de sus tiendas, no ha estado nunca. Yo aún soy muy romántica, aunque tengo infinitamente menos que él. Me divierte saber quién entró, qué le ha gustado a la señora, qué dijeron. Sin embargo, lo que no me divierte es cuando llego a una de mis tiendas y me dicen que se rompió el aire acondicionado, que hay que pintar o que explotó el techo y tenemos que armar presupuestos.
¿Cómo cambió la industria de la moda desde que comenzaste?
Ha cambiado completamente porque se ha introducido el fast fashion, que a mí me parece genial. La moda se ha democratizado: antes en España para ir bien vestido tenías que ser rico y, a pesar de esto, ibas por la calle y veías que la gente tenía unos zapatos horrorosos. Ahora te sientas y ves algo que lleva puesto el que tienes al lado y dices “me lo compraría”, es decir, la gente ha tenido acceso a ir bien vestida por poco dinero. Además, creo que esto puede ser muy positivo para el medioambiente. Yo creo que empresas como Inditex cada día van a tener más ganas de tener una política medioambiental y ellos pueden cambiar el mundo, algo que los más pequeños no podíamos.

¿El fast fashion le sacó mercado a la alta costura?
Totalmente, la alta costura está muerta, no existe. Solamente hay un par de compañías que pueden hacer alta costura y que, por supuesto, no les cuadran jamás las cifras, entonces lo que hacen es compensarlo vendiendo perfumes. ¿Dónde vas a ir con un traje así? Ya no hay planes de esos, además los costos son altísimos. Si hoy vas a un sitio con un traje buenísimo, pareces disfrazada. No lo compra nadie, ya se ha pasado, como también se ha pasado el prêt-à-porter. Al fast fashion le pasará lo mismo y vendrá otra cosa.
¿Dónde crees que estará el futuro de la industria?
En Internet. Ahora mismo la tienda que abrí en Bogotá yo quiero que sea una especie de punto para vender por Internet, todavía tengo que organizarlo bien. A la gente le da mucha vergüenza entrar a las tiendas, tanto a las carísimas como a las normales. Entras a una y es un poco agresivo, en cambio, en Internet puedes ver todo desde la cama. Si tuviera bien organizado lo de Internet, yo creo que estaría vendiendo un montón en la Argentina.
¿Cuánto afecta la coyuntura económica al negocio?
Es el primer sector al que afecta porque es lo primero que puedes cortar. Además, por regla general, la gente tiene muchísima más ropa de la que necesita. Yo encuentro que la ropa hoy en día cuanto más la usas, más exitosa es. El éxito es lavar y poner, lavar y poner. En cambio, no vas a estar lavando y usando un traje de alta costura que te costó 200.000 euros.
¿Qué le recomendarías a alguien que quiera iniciarse en la industria pero no conoce el negocio?
Que se meta directamente en Internet.
¿Nada de tiendas físicas entonces?
Puede ser, pero tiene que ser una tienda muy diferente. Puede ser una tienda taller o ahora también la gente está poniendo cafés en las tiendas, bares o restaurantes. Que sea más bien una experiencia, no un sitio solamente para comprar.

¿Cuál es el proyecto que más te entusiasmó hasta ahora?
Todavía estoy entusiasmada casi desde que me levantó hasta que me cuesto, tengo esa suerte. Yo creo que mi vida es más divertida que la de Amancio Ortega, tengo la sensación que desde La Coruña (N.d.R.: ciudad en la que reside el empresario) es muy difícil tener esa vida y se ha acostumbrado a no tenerla. Yo prefiero ser más pobre y tener una vida más divertida.
Por @XaviLedesma para “Mujeres que hacen”
