Una familia de Ciudad ofrece sus computadoras, celulares y acceso a Internet para que niños y niñas del barrio Flores y Olivares puedan realizar sus tareas. La pandemia de coronavirus dejó a miles de alumnos sin clases presenciales desde hace casi dos meses, impactando de lleno en los chicos que menos recursos tienen.

Cuando el 15 de marzo el Gobierno anunció que las escuelas permanecerían cerradas, en un principio, hasta fin de ese mes, a Claudia Paiva le corrió un frío por la espalda. Sabía que los chicos de estos barrios vulnerables, con los que había creado un lazo de acompañamiento y apoyo, quedarían a la deriva.

“Dejé pasar unos días y ya no pude más. Me puse barbijo, guantes, le dije a mi marido que se pusiera a rezar y me metí en la villa”, recordó Claudia que, con la cuarentena ya declarada, recorrió las casas consultando cómo estaban los pequeños y qué necesitaban sus familias.

Claudia y su esposo, Marcelo Gutiérrez, tienen dos hijos, Juani, de 17 años, y Victoria, de 15. Viven en el barrio Soberanía, frente a la plaza principal, y circundante a las dos populares barriadas. Desde hace unos años decidieron abrir las puertas a todo el que quisiera ayuda.

Así conocieron a Coco, un nene de 11 años, que deambulaba por la zona; lo inscribieron en el club Gimnasia y Esgrima, donde lo llevan a fútbol. “Es un crack”, señaló la mujer, de 48 años, quien, además, inscribió en danza y en canto a dos jóvenes. “La consigna es que hagan las tareas y traigan buenas notas”, contó.

“Sueño que la oportunidad que nosotros hemos tenido como familia la tengan otros. Cuando le das oportunidades a las personas, tienen opciones”, dijo, y explicó por la falta de una mano, muchas personas no explotaron su potencial o se quedaron en el camino.

Madres desbordadas y chicos solos

La mujer entendió que el aislamiento dejaría colgados a “sus” chicos. “Encontré a madres desbordadas. A otras que no sabían cómo ayudarlos, que no tenían los conocimientos para enseñarles o que cinco chicos estaban haciendo la tarea con un solo celular”, describió.

Así, volvió a abrir la puerta de su hogar. Primero, comenzaron a ayudarlos, explicándoles las actividades escolares y manteniendo contacto por WhatsApp, pero no lograba su objetivo. Luego, cuando se aprobó que los menores pudieran salir de paseo una hora por día, los nene fueron a su casa a buscar el material pedagógico.

“Pasan por acá, les prestamos nuestros celulares y computadoras. Lo bueno es que hace unos días nos regalaron una impresora y les podemos dar las copias para que se lleven todo a sus casas. Además, otros tienen el cuadernillo que les mandó la escuela. Los nenes necesitan el contacto humano, que les expliquen”, afirmó la mujer.

Alcohol en gel y barbijo

Actualmente están brindando asistencia a unos 15 estudiantes; entre ellos, una joven de 24 años que está terminando la secundaria. El resto, tiene entre 7 y 15 años; la mayoría de la escuela Eva Perón. “La consigna es que vengan por grupo de hermanitos en un determinado horario y día a la semana”, refirió.

En este sentido, hizo hincapié en que  “por nuestros trabajos sabemos muy bien de qué se trata el virus, cómo debemos protegernos y es lo que le inculcamos a los chicos. Sin concesiones deben siempre usar barbijo y cuando ingresan a la casa lavarse las manos, además de respetar la distancia social”, recalcó.

Como Claudia no es maestra, tuvo que pedirle recomendaciones a sus amigas docentes. La mujer trabaja en una clínica y su esposo es técnico farmacéutico. “Le ponemos muchas ganas, mis hijos también se sientan y se ponen en la piel de un maestro”, sostuvo y consideró que la decisión de la Dirección General de Escuelas de no evaluar con notas golpeó en la motivación de los alumnos que siempre esperan una devolución de su desempeño.

Replicar la acción

La familia es cristiana evangélica y concurre a la iglesia La Alameda, entiende que Dios es el que le da fuerzas y que no pueden quedar en palabras sus enseñanzas si no replicarla en acciones.

“Me ayuda a ser valiente. Es el que me di fuerza para meterme a la villa en medio de la pandemia”, dijo y reconoció que a muchos de sus vecinos no les gusta su modo de ser.

“Estás ayudando a criar delincuentes. Nos dijo una de las vecinas por la ayuda que le brindamos diariamente a los niños”, recordó.

“Nosotros no pedimos nada a cambio. Nos gustaría que otras personas replican la acción. No importa con qué motivación, que ayuden a otros en medio de esta pandemia, sobre todo, a los más vulnerables, que son los niños”.