En redes sociales comenzó a circular un video en el que un hombre increpaba a Victoria Donda, titular del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), en un restaurante de la Ciudad de Buenos Aires.

En el video de poco más de 20 segundos, se puede ver a la exdiputada compartiendo una comida junto a otra mujer en el London City, ubicado a media cuadra de Plaza de Mayo.

La funcionaria estaba sentada junto a la ventana que daba a la vereda, y por ello es que quien la grabó, se percató de su presencia.

Un señor saluda a Victoria Donda del INADI. pic.twitter.com/bUd9lxIwk7

— Ariel Squeff (@ArielSqueff1977) June 8, 2022

Las imágenes fueron compartidas en TikTok y superaron las 100.000 reproducciones en solo un día, mientras que en Twitter fueron más de 135.000 vistas.

“Mirá a quién tengo acá, ¡eh!, Mirá, a Vicky Donda, ¡eh!”, expresó el hombre, mientras que la exlegisladora al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo le dio vuelta la cara. “¿Qué pasa, mi amor, qué te tapás? Mirá, ahí está su cara”, replicó quien grababa el video. 

Luego, pronunció de manera irónica el término “Nac & Pop” (Nacional y Popular) y hasta ironizó con el nombre del restaurante: “Mirá. Un lugar british (británico) y Nac & Pop (Nacional y Popular)”.

Antes de alejarse del lugar, lanzó una última frase: “¡Ey, Vicky! ¿Lindo Londres, no?”.

Luego del episodio no trascendió la identidad del hombre. Por su parte, Donda hizo su descargo a través del diario La Nación, donde envió un escrito en el que definió que “la violencia y el odio van de la mano”.

El descargo completo de Victoria Donda

Sobre los discursos de odio, las causas y consecuencias de la violencia naturalizada que soportamos día a día.

El odio no tiene un solo tipo de emisor ni de receptor; puede emerger en todas las personas, en distintas circunstancias, por distintos motivos. Ese odio que no tiene nombre, tampoco tiene clase. Y la violencia y el odio van de la mano. El odio puede parecer un sentimiento abstracto, pero distintos momentos de la historia muestran cómo es un caldo de cultivo para la violencia directa, verbal y física, que puede llegar en casos extremos hasta la violencia institucional y el terrorismo de Estado.

Acostumbramos a asociar los discursos de odio únicamente a la discriminación, la estigmatización y la violencia directas. Sin embargo, la deshumanización también es una de las causas de la aparición de estos discursos; la deshumanización de la persona a la que se quiere deslegitimar, anular, degradar. Solo en una concepción de un otro deshumanizado es que se puede ser capaz de difundir falsedades, violar la intimidad, “escrachar” y faltar el respeto, acciones que solo tienen el propósito de intentar herir y violentar a quien es víctima de ellas.

Se trata de entender cómo se conduce el odio, el cual nunca es inocente. Quien lo ejerce trata de dirigir intencionalmente las repercusiones a su propio favor. No hay evento, por insignificante y simple que sea, que en el objetivo de denigrar represente un obstáculo. En ese camino, las redes y los medios de comunicación tienen representantes que día a día los alimentan y mantienen con vigencia.

El objetivo es claro: confundir, fomentar prejuicios, nublar el pensamiento, no perder privilegios y socavar el Estado, que es el único garante de evitar la Ley del más Fuerte, peligrosa para todxs.

El único que regula una sociedad y defiende a un indefenso es el Estado, aquel que los mismos que fomentan los discursos de odio quieren destruir.