Desde el año 2014 una base satelital china, destinada a la investigación del “espacio profundo”, está instalada en Neuquén. Buscando forjar lazos entre Argentina y el gigante asiático, la entonces presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, le cedió a China un terreno de 200 hectáreas por un período de 50 años.
Durante estos diez años, cientos de especulaciones y teorías se han creado en torno a la misteriosa presencia china en la zona de Las Lajas. Si bien Beijing ha asegurado en repetidas ocasiones que la base tiene únicamente fines civiles y científicos, Estados Unidos manifiesta su desconfianza y preocupación.
Fue el embajador de Estados Unidos en la Argentina, Marc Stanley, quien expresó su
“sorpresa” y afirmó que el país “permite que las Fuerzas Armadas chinas operen en Neuquén“.
La revista Newsweek Argentina se instaló una semana cerca de la enigmática base satelital y a través de un completo informe, alertó “los puntos oscuros” del acuerdo de Argentina con China para su instalación.
El misterio crece a diario entre los vecinos de Las Lajas quienes desconfían de aquello que sucede puertas para adentro de las instalaciones. “Rutina fantasmagórica” y “base de uso dual”, forman parte de aquellas teorías que indican que se usaría para algún tipo de espionaje satelital.
El punto es que, según lo señalado en la investigación, la presencia de la base china en Argentina ingresa en una disputa geopolítica global que marca hoy la agenda internacional y que será el eje central de las discusiones de los próximos años: la puja de Estados Unidos y sus aliados contra la supuesta pretensión expansionista del gigante asiático.
La agencia china CLTC tiene libertad para explorar el espacio durante medio siglo, con una exención impositiva total. Beijing ha asegurado en repetidas ocasiones que la base se utiliza para observación radioastronómica y para Telemetría, Telecomando y Control (TT&C) de misiones interplanetarias al espacio profundo.
Sin embargo, el hermetismo de sus operadores y la falta de información clara sobre sus actividades continúan alimentando especulaciones. Además, el hecho de que la instalación en el corazón de la Patagonia argentina dependa del Ministerio de Defensa chino ha generado dudas sobre posibles usos militares.
