El día después del Cabildo Abierto, los españoles se vieron superados por los votos que exigían la destitución de Cisneros como virrey. En una votación que duró todo el día 22, los “principales vecinos” decidieron quién debía hacerse cargo del Virreinato hasta que se formara una junta que decidiera la forma a continuar.
Entre la diversidad de ideas, Cornelio Saavedra propuso que el mando se delegara en el Cabildo hasta la formación de esa junta de gobierno, en el modo y forma que el Cabildo estimara conveniente. Hizo resaltar la siguiente frase: “No queda duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando”, decisión que se terminó adoptando.
Sin embargo, al informar a Cisneros que había cesado en el cargo, quedaba la tarea de conformar la Junta. Aprovechando la diversidad de opiniones sobre el tema, los síndicos buscaron la manera de mantener la continuidad del virrey.
Así, pese a lo convenido, el comunicado del Cabildo anunciaba que el mando recaía provisionalmente en el excelentísimo Cabildo, con voto decisivo del “síndico procurador general”: Julían de Leyva, defensor de la permanencia de Cisneros. Además, el Cabildo debía formar una junta para “encargarse del mando mientras se congregan los diputados” que las provincias debían convocar para establecer el nuevo gobierno.
El objetivo entonces era conseguir más tiempo hasta que viajaran los diputados desde el interior, y nombrar a Cisneros presidente de la Junta, echando por tierra el resultado de la votación de la noche anterior.
Frente a esto, los comandantes militares informaron que debía hacerse público que el virrey había cesado en su cargo, y que el Cabildo tenía el mando. Pero en ese momento, el Cabildo integraba una Junta de Gobierno con una mayoría de españoles y minoría criolla. Los únicos representantes de los nacidos en el Virreinato serían Saavedra y Belgrano.
En ese momento empezó a convocarse una movilización de criollos, donde la gente se dirigía a la plaza a esperar que se anunciara el resultado de la votación del día 22. Saavedra y Belgrano anunciaron el descontento de la población al Cabildo, ya que todos conocían que Cisneros había sido destituído pero continuaban sin anunciarlo.
Fue entonces cuando ambos descubrieron que la demora era porque se quería anunciar la composición de la junta, por lo que rechazaron integrarla y pidieron que se revelara la destitución.
El Cabildo accedió, con la autorización del virrey, dando a conocer que Cisneros ya no era más el virrey. Pero antes de publicarlo, se le prohibió al administrador de correos que dejara salir comunicaciones desde Buenos Aires hasta nuevo aviso. Es decir, no querían que se supiera en otras localidades del Virreynato sobre la deposición de Cisneros.
Por lo tanto, quedaba determinar la junta que decidiría el futuro gobierno. La semana de mayo se acercaba a su final.
