Las elecciones legislativas del pasado domingo consolidaron al gobierno de Javier Milei y despejaron parte de la incertidumbre política. La reacción de los mercados fue inmediata: los bonos y acciones subieron con fuerza, mientras el peso mostró señales de estabilidad.

Analistas internacionales como Thomas Haugaard (Janus Henderson), Eduardo Ramos Romero (VT Markets) y Marios Chailis (LBX) coincidieron en que la elección otorga margen de gobernabilidad, pero advierten que el verdadero desafío sigue siendo la economía real.

Para Haugaard, el resultado “fortalece la posición de Milei y le otorga mayor autoridad política para avanzar con las reformas estructurales que los mercados venían demandando”. Según el ejecutivo, la elección elimina riesgos institucionales y refuerza la percepción de continuidad, lo que reduce la prima de riesgo político y permite al Banco Central aliviar gradualmente las condiciones monetarias.

Por su parte, Ramos Romero destacó que la euforia financiera aún no se traduce en consumo: “Los salarios reales se recuperan lentamente y el crédito sigue caro. La estabilidad puede empezar a sentirse, pero será un proceso gradual”.

En la misma sintonía, Chailis opinó que “la continuidad refuerza la estabilidad y mejora la demanda por bonos locales en el corto plazo, pero la recuperación sostenida de precios dependerá de la ejecución fiscal, del control efectivo de la inflación y de acuerdos financieros de largo plazo”.

La economía interna y los desafíos estructurales

Más allá de la percepción de los mercados, la actividad económica argentina se mantiene estancada desde 2011, con altibajos que impiden un crecimiento sostenido. Un informe macroeconómico del Movimiento CREA destaca que el promedio de actividad de 2025 coloca al país en niveles similares a 2013 y 2017, aunque con cambios en la composición sectorial: el impulso actual proviene principalmente de energía y minería, mientras que antes predominaba la industria.

Para 2026, el Gobierno proyecta un crecimiento del 3%, condicionado a la estabilidad cambiaria, normalización de tasas de interés y control de la inflación.

“Con proyecciones de crecimiento del 3% para el año que viene, resulta clave que las condiciones macroeconómicas sean adecuadas para poder pasar ese umbral”, sostiene el documento titulado Momentos y decisiones. Entre esas condiciones se encuentran la estabilidad cambiaria, la normalización de las tasas de interés y el mantenimiento y profundización de la estabilidad de precios.

Además, a mediano plazo son necesarios otros factores para incentivar ese desarrollo: reformas en agenda (tributaria, laboral y previsional) y gobernabilidad (básicamente estabilidad política). Condiciones que parecen lógicas y razonables, pero que han demostrado ser desafiantes para la economía argentina”, afirma CREA.

La reconfiguración productiva incluye apertura comercial y un nuevo Régimen de Inversiones (RIGI) por USD 15.729 millones, orientado a atraer divisas a través de exportaciones y proyectos de inversión. Sin embargo, el impacto inicial de la apertura comercial puede afectar a empresas menos competitivas y exigir ajustes laborales.

La recuperación salarial de 2025 no iguala el impulso de 2024, y los ingresos de trabajadores y jubilados siguen debajo de los niveles de elecciones anteriores. La reactivación del crédito privado permitió cubrir parcialmente estas brechas y aumentar el consumo, aunque la mejora sigue siendo desigual.

Fiscalidad, inflación y reservas

El gobierno logró un superávit fiscal que contribuyó a reducir la inflación, a diferencia de elecciones de medio término anteriores en las que se buscó impulsar la economía mediante gasto público adicional. La acumulación de reservas netas sigue siendo un desafío: a septiembre de 2025, los niveles eran inferiores a los de 2017, y la desacumulación junto con la incertidumbre electoral afectó la confianza externa y presiona sobre la deuda y las reservas.

El manejo fiscal y monetario previo a la elección, que evitó devaluaciones bruscas, refleja la necesidad de equilibrar estabilidad política y poder adquisitivo, en un contexto donde los salarios y jubilaciones muestran mejoras limitadas y el consumo permanece moderado.

Mercados y economía real: un contraste que persiste

Los analistas coinciden en que la elección despejó incertidumbre y mejoró expectativas financieras, pero advierten que la estabilidad macro no se traduce automáticamente en crecimiento económico ni en bienestar general.

Como señala Haugaard: “El desafío será mantener el impulso reformista sin perder el respaldo social”. La clave será que la mejora en activos financieros, consolidada en los mercados, llegue a la economía cotidiana a través de consumo, crédito productivo y salarios sostenidos.