“Idealmente es mejor administrar dos dosis del mismo producto. Pero si no hay otro remedio…”. La frase del virólogo británico Daniel Bausch, uno de los especialistas más reconocidos y respetados del mundo en materia de pandemias y amenazas sanitarias globales, encaja perfectamente en el plan B que analiza el gobierno argentino para completar esquemas de vacunación contra el coronavirus, ante la falta de segundos componentes de Sputnik V.
Ese “parche” se llama Convidecia, la vacuna unidosis del laboratorio chino Cansino que ya fue aprobada en la Argentina. En este sentido, la Casa Rosada avanza en la compra de 5,4 millones de dosis que empezarían a llegar entre fines de julio y principios de agosto.
Gobierno provinciales (Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Corrientes) también buscan firmar acuerdos con el laboratorio pero China aún no habilita a Cansino a firmar con sus clientes argentinos órdenes concretas de compra.
La Convidecia, al igual que el componente 2 de la Sputnik V, está elaborada con el adenovirus recombinante 5. Por ese motivo sería un complemento aceptable para la vacuna rusa.

Según publica el diario Clarín, en diciembre de 2020 la Argentina firmó un contrato con el Centro Gamaleya por 20 millones de dosis contra el coronavirus, con opción para ampliar ese número a 30 millones de Sputnik. Pero el problema son las segundas dosis.
Hasta el momento han llegado al país 7,8 millones del primer componente de la vacuna rusa y sólo un poco más de 1,5 millón del segundo. Esto significa que cuatro de cada cinco inoculados no tendrían garantizado su esquema completo.
Ante esta situación, la administración de Alberto Fernández tiene pocas alternativas. Una sería frenar la aceptación de dosis 1 a la espera de que Moscú complete el cupo de 10 millones de componentes dos.
El plan B sería seguir aceptando las Sputnik y complementarlas con el desarrollo de Cansino. Sin embargo, para ello haría falta un rápido ensayo clínico local que avale esa combinación de la que no hay antecedentes en ningún lugar del mundo.
Sólo así se generaría mayor confianza y consenso social. Claro que el panorama internacional no es el mejor: la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea aún no aprueban la vacuna rusa, por lo que una combinación con la china de Cansino podría sumar complejidad a esa situación.
