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El dólar volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica después de que el vocero presidencial, Adrián Ravier, afirmara que la cotización podría ubicarse entre $1.700 y $1.800 en los próximos meses. Sus declaraciones sorprendieron porque el Gobierno sostiene desde hace tiempo que el tipo de cambio flota dentro del esquema vigente y que ningún funcionario fija un precio de referencia.

La reacción fue casi inmediata. Desde el equipo económico buscaron bajar el tono de la polémica y ratificaron que la prioridad sigue siendo preservar la estabilidad cambiaria para consolidar el proceso de desaceleración de la inflación. La estrategia de Luis Caputo apunta a evitar movimientos bruscos del dólar y garantizar un nivel de divisas que permita afrontar tanto la demanda del mercado como los compromisos financieros.

Sin embargo, el debate no nació con esas declaraciones. Distintas consultoras privadas ya venían proyectando que el tipo de cambio podría cerrar 2026 cerca de los $1.800. El argumento es que, durante buena parte del año, la inflación avanzó más rápido que el dólar, que permaneció prácticamente estable.

Aunque el mercado no espera una devaluación abrupta en el corto plazo, sí considera probable una corrección gradual de la cotización en los próximos meses. Para el Gobierno, ese equilibrio resulta clave para evitar un rebrote de la inflación y sostener uno de los principales activos de su programa económico.

La apuesta oficial para sostener la estabilidad

Además de mantener bajo control el tipo de cambio, el Ministerio de Economía busca reforzar el ingreso de divisas. Con una menor liquidación del complejo agroexportador en la segunda mitad del año, la apuesta oficial pasa por captar dólares a través del financiamiento internacional y de emisiones de deuda de provincias y empresas que todavía conservan acceso a los mercados.

El objetivo es atravesar los próximos meses con un nivel de reservas que permita absorber eventuales tensiones cambiarias sin alterar el proceso de desinflación. La estabilidad del dólar sigue siendo una de las principales herramientas del Gobierno para sostener las expectativas económicas.

La economía real todavía no despega

Mientras el frente cambiario se mantiene relativamente estable, la recuperación de la actividad continúa siendo el principal desafío. Las proyecciones privadas ubican la inflación de julio cerca del 2%, pero el consumo, la industria, el comercio y buena parte de la construcción todavía no muestran una mejora sostenida.

Ese escenario también se refleja en el bolsillo de las familias. Los acuerdos salariales apenas acompañan la inflación prevista y el poder adquisitivo sigue sin recuperarse plenamente.

Al mismo tiempo, la morosidad en los créditos bancarios a personas físicas alcanza el 12,8%, mientras que en las plataformas fintech y billeteras digitales se aproxima al 30%. En los últimos doce meses, el volumen de deuda con problemas de cobro se triplicó.

El impacto sobre combustibles y subsidios

El comportamiento del dólar ejerce un efecto de contagio directo sobre dos costos esenciales de la estructura económica: el precio de los combustibles y el monto total de los subsidios estatales.

Con la cotización en la zona de los $1.520 y el barril de petróleo internacional rondando los US$100, los precios locales de la nafta y el gasoil registran un atraso estimado del 8%. Esta brecha frena reducciones en el precio del combustible que facilitarían llevar la inflación a niveles más bajos a corto plazo.

Asimismo, un dólar más alto encarece los costos de importación de gas natural licuado (GNL) y la generación eléctrica. Durante el invierno, el costo de la energía trepó a US$112,10 por MWh, lo que elevó las erogaciones del Tesoro en concepto de subsidios energéticos, registradas con un aumento del 30% interanual en términos reales.

Justamente los subsidios energéticos son uno de los rubros que el Gobierno busca reducir para sostener el equilibrio de las cuentas públicas. Por eso, la evolución del tipo de cambio no solo impacta sobre la inflación, sino también sobre el resultado fiscal.

Qué espera el mercado

Los analistas coinciden en que el principal interrogante no pasa por una devaluación brusca, sino por la velocidad que tendrá el ajuste del tipo de cambio en los próximos meses. La expectativa es que el dólar acompañe de manera gradual la evolución de la economía, sin poner en riesgo la desaceleración de la inflación.

El desafío para el Gobierno será que esa estabilidad cambiaria empiece a reflejarse también en la economía cotidiana. Después de varios meses de inflación en baja, el consumo, el empleo y los salarios siguen sin mostrar una recuperación firme. En ese contexto, el comportamiento del dólar continuará siendo uno de los indicadores más observados por el mercado y por los propios argentinos.

El escenario preelectoral y el colchón de divisas

El panorama financiero está estrechamente ligado a las expectativas políticas. Con un riesgo país que fluctúa entre los 400 y los 430 puntos básicos, los mercados asignan una probabilidad favorable a la continuidad del rumbo económico, aunque las encuestas muestran niveles de aprobación de gestión en torno al 40%, augurando un escenario electoral sumamente competitivo.

Para el Ejecutivo nacional y para las provincias con capacidad de emisión de deuda (como Neuquén u otros distritos vinculados a la energía), mantener abierto el financiamiento internacional resultará indispensable para sostener el flujo de dólares. En última instancia, la velocidad con la que la estabilidad macroeconómica logre traducirse en un alivio concreto para la economía cotidiana determinará el margen de maniobra del Gobierno antes de la llegada de los comicios.