En un nuevo informe titulado “Las Trampas de la Pobreza en Argentina”, el Banco Mundial alertó sobre el crecimiento sostenido de la pobreza en el país durante la última década. Junto con Venezuela, es la única nación de América Latina que experimentó un aumento de ese indicador desde 2012, pese a haber partido de los niveles más bajos de la región.
El documento destaca que los efectos combinados de la pandemia y la crisis económica profundizaron una situación ya deteriorada desde 2018. Según el organismo, el país alcanzó en 2020 su pico máximo de pobreza en más de una década, situándose en el 15,4 % según la medición internacional de pobreza, que se basa en ingresos diarios de US$6,85 por persona, ajustados por paridad de poder adquisitivo.
La investigación del Banco Mundial señala cuatro factores clave o “trampas” que han influido en el aumento de la pobreza. La primera de ellas es la inflación, considerada el principal impulsor del deterioro social.
La economista Lourdes Rodríguez-Chamussy, responsable del informe, explicó que la inflación impacta con mayor dureza en los sectores más pobres, dado que gran parte de sus ingresos se destinan a la compra de alimentos, cuyos precios suben por encima de la media.
El segundo factor es la desigualdad intergeneracional y geográfica. La pobreza afecta en mayor medida a los menores de 14 años, con un 58,4% de incidencia, mientras que entre los mayores de 65 años este índice es del 17,6%. Además, el Banco Mundial advierte sobre la baja calidad del sistema educativo, lo que afecta negativamente la formación de capital humano y, por ende, la productividad futura del país.
La tercera “trampa” se refiere a la informalidad laboral y la baja productividad. A pesar de los programas de asistencia social, el informe resalta que la principal fuente de ingresos en los sectores más pobres sigue siendo el trabajo, que ha visto una contracción significativa en la última década, lo que ha contribuido al aumento de la pobreza.
Finalmente, el informe menciona el impacto del cambio climático como el cuarto factor clave. Las sequías y las inundaciones, fenómenos cada vez más frecuentes, afectan especialmente a la población más vulnerable, que suele vivir en zonas más propensas a estos desastres, lo que agrava aún más su situación económica y social.
