En medio de la segunda ola, una de las opciones para las próximas semanas es la implementación de un sistema ideado por tres científicos del Conicet. Se plantea la alternancia de 9 jornadas de aislamiento con 12 de apertura.
A diferencia del aislamiento estricto que Alberto Fernández implementó el año pasado, esta alternativa fue bautizada con el nombre de aislamiento selectivo programado intermitente (ASPI).
A comienzos de la pandemia, Rodrigo Castro –director del Laboratorio de Simulación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA– y Ernesto Kofman –vicedirector del Centro Franco-Argentino de Ciencias de la Información y de Sistemas de la Universidad Nacional de Rosario se les ocurrió que en lugar de un lapso largo de restricción continuada, establecer un sistema de cierres y aperturas programadas e intermitentes. De esta forma se iría bajando la circulación del virus “de a escalones” y, no menos importante, evitar la incertidumbre al permitir una organización de la vida económica, social y familia
A la investigación se sumó el sociólogo Daniel Feierstein, investigador del Conicet en la Universidad de Tres de Febrero, y ensayaron cientos de escenarios posibles.
“Analizamos cierres de nueve días, de 14, de 16, de 21. Cuanto más duras son las medidas, menos tiempo necesitan para tener impacto. Pero lo que siempre vemos es que es más efectivo hacer eso que empezar con un cierre duro y que se vaya desgranando”, destaca Kofman.
“En este esquema lo fundamental es la previsibilidad, que se anuncie claramente cuándo se va a cerrar y cuándo se va a abrir –afirma Kofman–. Aunque estemos con 20.000 o 30.000 casos, hay que abrir en la fecha prometida, pero saber que después vamos a cerrar en tal otra fecha. Y luego volvemos a abrir”.
La estrategia pretende hacer descender la curva para que los sistemas de testeo y rastreo, que pierden gran parte de su eficacia cuando la cantidad de notificados es muy alta, vuelvan a ser eficientes.
En qué consiste
El esquema de cierres y aperturas intermitentes admite muchos “modelos”, pero los científicos están trabajando más intensamente en tres: uno de nueve días de confinamiento y 12 de apertura, otro de 16 y 12, y otro de 16 y 19, respectivamente.
“Con lo que nosotros proponemos, es posible organizar las actividades y disminuir el impacto económico. Y al mismo tiempo se maximiza el efecto del cierre, porque sostenerlo nueve o 16 días es mucho más viable; sobre todo, si uno ve que va logrando resultados”, señalaron los expertos.
Según los cálculos de este equipo, en el AMBA, con un ASPI de nueve días más 12 y alrededor de un 30% de reducción de los contagios, se requerirían entre tres y cuatro ciclos para bajar los casos desde alrededor de 8.500 diarios a unos 2.500.
