TEGUCIGALPA Y MANAGUA (TÉLAM). Centenares de hondureños marchaban ayer hacia la frontera de su país con Nicaragua para recibir al depuesto presidente Manuel Zelaya, quien inició el regreso desde Managua, mientras que el régimen de facto de ese país declaró el toque de queda en la zona fronteriza. Por su lado, las Fuerzas Armadas de Honduras advirtieron ayer que no se responsabilizan por la seguridad de Zelaya, quien dijo que el máximo jefe militar, el general Romeo Vásquez, sería el culpable si fuese asesinado a su retorno al país. En Honduras, en tanto, una huelga general paralizó buena parte de las actividades, hay bloqueo de rutas y la policía de Honduras advirtió que no acatará la orden del gobierno de facto de detener al mandatario depuesto.
El toque de queda en la zona fronteriza se extenderá hasta hoy a la mañana. Zelaya inició su camino desde Managua hacia la frontera, acompañado por su esposa, sus hijos y el ex comandante nicaragüense Eden Pastora, y consideró que su retorno al país “es un llamado a la paz y a la reconciliación”. “Espero que la comunidad internacional siga presionando con medidas más fuertes”, apuntó, al tiempo que afirmó: “Estoy dispuesto a someterme a cualquier tribunal internacional que garantice la justicia, ya que la Justicia de Honduras es golpista”, señaló en la Embajada de su país en Managua, antes de salir.
Consultado sobre una eventual confrontación violenta, Zelaya indicó que “la derecha está escogiendo las armas, no quieren urna, no quieren democracia”, aunque igualmente dijo que “hará el intento de llamar al diálogo”. Zelaya tenía previsto pasar la noche de ayer en Estelí y luego viajar a la frontera, adonde dijo: “Yo espero que las Fuerzas Armadas que acompañan a los golpistas no disparen contra nosotros”. En Honduras, en tanto, el paro general inmoviliza buena parte de las actividades, con bloqueos de carreteras, en el marco de una medida por 48 horas que se inició ayer en reclamo del retorno al poder del presidente Zelaya.
Centenares de hondureños partieron hacia la frontera del país con Nicaragua, especialmente hacia la aduana de la localidad de Las Manos, donde se espera que Zelaya haga su ingreso al país. En Tegucigalpa está bloqueada, en el sector de Durazno, la ruta que comunica con el norte del país, y en el departamento de Olancho está tomada la carretera de Catacamas, según Juan Barahona, dirigente del Bloque Popular. Pobladores de los sectores fronterizos con Nicaragua denunciaron la militarización de la zona, supuestamente para capturar o impedir el ingreso del depuesto mandatario, e impedir la circulación de los manifestantes. Frente a esto, Nicaragua comenzó a tomar ayer medidas de seguridad en la frontera con Honduras, tras detectar el movimiento de tropas de élite, conocidas como “Cobra”, que supuestamente esperan a Zelaya, según anunció a la prensa de su país la ministra de Gobernación nicaragüense, Ana Isabel Morales.
Por su parte, la televisora multiestatal Telesur aseguró que la Policía hondureña decidió no apresar a Zelaya, acuartelarse e iniciar un paro nacional indefinido en reclamo de un aumento salarial acordado en enero pero que aún no se hizo efectivo. Una funcionaria policial que no reveló su nombre a la televisora, informó que los policías se mantendrán acuartelados en las varias comisarías del país, no trabajarán y no acatarán la orden de capturar a Zelaya si intenta regresar. Por otra parte, los hospitales públicos de la capital hondureña amanecieron tomados, según el diario caraqueño El Universal, y en los centros de venta de alimentos desaparecieron las frutas provenientes de otros países y fueron sustituidas con papayas, naranjas y mangos de agricultores locales. Las escuelas cerraron sus puertas tras la decisión de todos los gremios de los maestros de plegarse a la huelga. En este mes, los escolares sólo tuvieron tres días de clase después del golpe de Estado del 28 de junio, según el periódico.
“Las fuerzas progresistas permanecen en pie de una forma que no se miraba desde la Guerra Fría”, señaló Barahona. Muchas de estas medidas de fuerza fueron reconocidas ayer por el periódico hondureño El Heraldo, de fuerte adhesión al gobierno de facto. En cambio, el Aeropuerto Internacional de Toncontín funcionaba normalmente ayer, pese a que circulaban rumores de que había sido cerrado por las autoridades, y los funcionarios de Aeronáutica Civil trabajaban normalmente.
