MANAGUA (EFE). La investidura de Daniel Ortega como presidente de Nicaragua se convirtió ayer en un festival populista en el que el gobernante venezolano, Hugo Chávez, acaparó todo el protagonismo.
La ceremonia constituyó, además, un explícito compromiso de unidad política entre Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Cuba, y un homenaje al jefe del Estado de este último país, Fidel Castro. La escena final fue la de Ortega abrazado a sus colegas venezolano y boliviano, Evo Morales, con el puño en alto los tres, al son de la canción “El pueblo, unido, jamás será vencido”, sobre un escenario, ante más de 100.000 personas concentradas en una plaza de Managua.
La tardía llegada a la capital nicaragüense de Chávez, quien también asumió este domingo un nuevo mandato para los próximos seis años, obligó a retrasar más de una hora el inicio de los actos de investidura de Ortega, con la asistencia paciente de más de dos mil personalidades de diferentes países, entre ellas, 16 jefes de Estado o de gobierno.
