En la frenética carrera contrarreloj que se desató tras bastidores para frenar la operación militar de Estados Unidos en Venezuela y promover, en cambio, el exilio de Nicolás Maduro a un tercer país —Rusia, Qatar o Turquía—, el Vaticano también jugó un papel activo, según reveló The Washington Post.
De acuerdo con documentos gubernamentales obtenidos por el diario estadounidense, el 24 de diciembre, mientras León XIV, el primer papa estadounidense, se preparaba para celebrar su primera misa de Nochebuena, el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y uno de los diplomáticos más experimentados de la Santa Sede, convocó de urgencia a Brian Burch, embajador de Estados Unidos ante el Vaticano.
Parolin, que fue nuncio apostólico en Caracas durante cuatro años y conoce en profundidad la realidad venezolana, interpeló a Burch para conocer los planes de Washington e intentar abrir una vía alternativa a la acción militar que, una semana después, terminó con Maduro fuera del Palacio de Miraflores y trasladado a Nueva York.
“¿Estados Unidos se centraría únicamente en los narcotraficantes o la administración Trump realmente buscaba un cambio de régimen?”, preguntó el cardenal, según reconstruye el Post. De acuerdo con los documentos, Parolin admitió que Maduro debía dejar el poder, pero insistió en que se le ofreciera una salida que evitara un baño de sangre.
Durante ese intercambio, Parolin señaló que Rusia estaba dispuesta a concederle asilo al líder venezolano y pidió paciencia para empujarlo hacia esa alternativa. “Durante días, el influyente cardenal italiano había estado buscando acceso al secretario de Estado, Marco Rubio, desesperado por evitar el derramamiento de sangre y la desestabilización en Venezuela”, escribió el diario.
Una fuente citada por el Post aseguró que la propuesta incluía garantías personales: “Lo que le propusieron [a Maduro] fue que se fuera y pudiera disfrutar de su dinero. Parte de esa petición era que [Vladimir] Putin garantizara la seguridad”.
Desde el Vaticano, sin embargo, hubo malestar por la difusión de esos detalles. “Es decepcionante que se hayan revelado partes de una conversación confidencial que no reflejan con precisión el contenido de la conversación en sí, que tuvo lugar durante el período navideño”, expresó la oficina de prensa de la Santa Sede en un comunicado al Washington Post.
El diario también reveló que Parolin compartió con Burch un “rumor” sensible: que Venezuela se había convertido en una ficha de negociación entre Rusia y Ucrania, y que Moscú estaría dispuesto a soltar su respaldo a Caracas si obtenía concesiones favorables en el frente europeo.
Según los documentos, Parolin creía además que Maduro había estado dispuesto a dejar el poder tras las elecciones de julio de 2024, ampliamente cuestionadas por fraude, pero que Diosdado Cabello lo convenció de que dimitir le costaría la vida, y que sin el apoyo de su círculo íntimo no se animaría a exiliarse.
En Roma, la revelación del Post no sorprendió. La diplomacia vaticana intentó durante años destrabar de manera pacífica la crisis venezolana, un esfuerzo que también había encabezado en su momento el papa Francisco. La relación con el régimen chavista, sin embargo, siempre fue tensa. A comienzos de diciembre, por ejemplo, el gobierno venezolano confiscó el pasaporte diplomático del cardenal Baltazar Enrique Porras, impidiéndole viajar a Roma.
Pocos días antes de la caída de Maduro, el papa León XIV había pedido explícitamente evitar el uso de la fuerza para un cambio de régimen en Venezuela. “Es mejor buscar maneras de diálogo, quizás incluso presión económica”, había dicho, advirtiendo que quien más sufre en estos escenarios es el pueblo.
Ni ese llamado ni la mediación de Nochebuena del cardenal Parolin prosperaron. La salida negociada quedó descartada y el intento del Vaticano por evitar la operación militar terminó cayendo en saco roto.
