En sus veinte meses de Gobierno, el primer ministro italiano, Romano Prodi, ha pedido al Parlamento 33 mociones y votos de confianza, el último fue el que ayer lo hizo finalmente caer del Ejecutivo. Aunque en teoría mociones y votos son diferentes –las primeras piden el respaldo a la política del Gobierno y los segundos son un recurso para agilizar la tramitación de una ley–, en la práctica sus efectos son iguales, ya que no superarlos supone la caída del Gobierno.

    La primera cuestión de confianza de la gestión Prodi, además de la obtenida en la misma sesión de investidura, se planteó en febrero del 2007, cuando tuvo que dimitir después de que el Senado rechazó sus propuestas de política exterior. Al igual que la sesión de investidura, esas mociones se cuentan doble, una por cada Cámara, por lo que, en total, contando las del miércoles en la Cámara de Diputados y la de ayer en el Senado, Prodi ha afrontado seis desde que empezó a gobernar, en mayo del 2006.

    Pero, además, en estos veinte meses el primer ministro ha pedido el voto de confianza para la aprobación de una ley en 27 ocasiones, catorce en la Cámara de Diputados y trece en el Senado. El Ejecutivo italiano utilizó este recurso en la reordenación de los ministerios, que en el gobierno Prodi son más numerosos que los de su predecesor, Silvio Berlusconi, así como para la refinanciación militar en Afganistán. Prodi también pidió el voto de confianza para la aprobación de medidas de saneamiento de las cuentas públicas y para liberalizar algunos sectores, entre ellos, el de los taxistas, el de los farmacéuticos y el de los abogados, así como para la aprobación de diferentes partes de los presupuestos generales del Estado para el 2007.