Las elecciones legislativas de Israel dejaron un escenario abierto para la continuidad del actual primer ministro Benjamin Netanyahu. Con más del 70% de los votos escrutados, el Likud, el partido del primer ministro, se ubica como la fuerza más votada, aunque el bloque oficialista no alcanzaba la mayoría parlamentaria necesaria para formar Gobierno.
Los resultados parciales difundidos este miércoles indicaban que el espacio de Netanyahu reunía alrededor de 54 de los 120 escaños de la Knéset, el Parlamento israelí, frente a los 49 que sumaba el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot.
Las formaciones árabes, con unos 16 o 17 representantes según el recuento, podían resultar determinantes para definir quién conducirá el próximo Ejecutivo. Ninguno de los dos bloques principales alcanzaba por sí solo los 61 escaños necesarios para gobernar.

La votación registró una participación del 77%, la más alta en más de 25 años, en los primeros comicios nacionales desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023.
La jornada estuvo marcada por el debate sobre la seguridad, las consecuencias de las guerras en la región y el desempeño del Gobierno durante el ataque que dejó alrededor de 1.200 muertos y 251 personas secuestradas, según las cifras citadas habitualmente por las autoridades israelíes.
La denuncia de Netanyahu
Durante la jornada electoral, Netanyahu acusó a sus adversarios de intentar “robar” los comicios y cuestionó la elevada participación de votantes árabes y sectores opositores.
Sus declaraciones se produjeron en medio de denuncias sobre presuntas irregularidades en algunos centros de votación, aunque las autoridades electorales no habían presentado pruebas de una manipulación generalizada del proceso.
La oposición cuestionó las acusaciones del primer ministro y sostuvo que buscaban desacreditar anticipadamente los resultados. Tras conocerse las primeras proyecciones, Eisenkot afirmó que los votantes habían expresado su rechazo al Gobierno y planteó la necesidad de construir una alternativa.
