La aerolínea alemana Lufthansa suspendió 20.000 vuelos de corta distancia hasta el próximo mes de octubre. Esta medida drástica responde directamente a la crisis energética global provocada por el conflicto bélico en Medio Oriente y el consecuente riesgo de desabastecimiento de combustible.
La compañía busca reducir su consumo en unas 40.000 toneladas de queroseno para garantizar la estabilidad de sus operaciones de largo alcance durante la temporada alta.
El recorte afecta principalmente a rutas europeas y trayectos de cabotaje operados desde sus centros de conexión en Fráncfort y Múnich. La aerolínea regional CityLine detuvo su actividad casi por completo, mientras el grupo prioriza los destinos más rentables para mitigar el impacto financiero del aumento en los costos operativos. El precio del combustible para aviones se duplicó desde el inicio de las hostilidades, obligando a reestructurar toda la red de transporte de pasajeros.
Los pasajeros afectados ya reciben notificaciones sobre las cancelaciones y las alternativas disponibles para sus viajes. Lufthansa planea publicar un calendario detallado de ajustes a finales de abril para dar previsibilidad a los usuarios.
Al mismo tiempo, otras aerolíneas internacionales evalúan medidas similares debido al bloqueo del Estrecho de Ormuz, un punto vital por donde circula el 40% del combustible aéreo mundial.
La empresa asegura que, pese a los recortes, el suministro para las rutas principales está garantizado para las próximas semanas. Esta optimización de la oferta busca blindar el calendario de vuelos de verano frente a la incertidumbre geopolítica.
Mientras tanto, el grupo refuerza su presencia en aeropuertos estratégicos como Viena, Zúrich y Bruselas para equilibrar su capacidad operativa en el mercado europeo.
Con información de La Nación y Deutsche Welle.
