Mónica Mares y su hijo, Caleb, se reencontraron luego de 19 años. Pero ese encuentro causa polémica en todo el mundo.
Mónica vive en Nuevo México, había tenido a Caleb cuando tan sólo tenía 16 años y decidió darlo en adopción cuando este era todavía un recién nacido.
Según relata la mujer en exclusiva a Daily Mail, luego dar con el paradero de su hijo a través de Facebook, ambos acordaron encontrarse y es en ese momento Mónica sintió “mariposas en el estómago”.
“Fue amor a primera vista, pero primero fue amor de madre”, señala Mónica, quien más adelante explicaría que Caleb –hoy de 19 años y apellidado Peterson– se mudó a la casa rodante en la que ella vive. La convivencia terminaría convirtiendo la relación en algo más y luego de conversarlo, ambos decidieron dar el siguiente paso. La relación llegó a tal punto que incluso los hermanos de Caleb empezaron a llamarlo “papá”.
Más allá de la problemática ética, genética y psicológica del caso, la ley estadounidense se opone frontalmente a la relación entre Caleb y Mónica, pues el incesto es considerado un crimen en 50 estados, aunque las penas varían dependiendo de cada uno de estos.
Luego que las autoridades locales conocieran el caso, prohibieron a la pareja mantener cualquier clase de contacto y Mónica podría pasar 18 meses en prisión por el delito. Los amantes continúan viviendo en Clovis, pero lo hacen en distintas residencias.
Caleb y su madre fueron detenidos en abril, por lo que pagaron una fianza de 5000 dólares para poder salir libres. En septiembre deberán afrontar un juicio. Por lo pronto Mares no tiene permitido ver a sus hijos ni mantener contacto con su amante.
“Es el amor de mi vida y no quiero perderlo. Mis hijos lo adoran, toda mi familia también. Nada puede interponerse entre nosotros, ni las cortes ni la cárcel”, cuenta la madre, quien dice que de ser necesario se mudará a otro estado que le permita continuar su relación.
Este caso se enmarca en lo que se conoce como “atracción sexual genética”, que se define como la atracción sexual entre personas de gran cercanía genética, como lo pueden ser entre hermanos o medio hermanos y primos en primer o segundo grado.
Al hacer su caso público los amantes esperan que su historia cree conciencia sobre la atracción sexual genética y su relación sea vista como legítima. “Este caso podría ser un precedente para cambiar las leyes en Estados Unidos”, explica Mónica.
