La conservadora Keiko Fujimori y el nacionalista Ollanta Humala aumentaron el voltaje de sus acusaciones recíprocas y buscaron aparecer públicamente junto a figuras de otros sectores, en las dos estrategias más visibles para tratar de convencer a los todavía muchos indecisos para el ballottage presidencial del domingo en Perú. Los dos candidatos tenían previsto cerrar formalmente sus campañas anoche, con sendas concentraciones en el centro de Lima y con la convicción de que cualquier hecho puede resultar decisivo para influir sobre un electorado que hasta ahora ha demostrado una intención de voto muy pareja, según ratificaron las últimas encuestas.

    Aunque legalmente ya no se pueden difundir sondeos dentro de Perú, los directores de las cinco principales encuestadoras coincidieron ayer en una conversación con la prensa extranjera en señalar que la intención de voto está en situación de empate técnico (cuando la diferencia entre la adhesión a uno y otro es inferior al margen de error de la investigación).

    Aun cuando se supo extraoficialmente que las firmas Ipsos-Apoyo y CPI registran a Fujimori en ventaja por 51 a 49 por ciento de los eventuales votos válidos, sus directores, Alfredo Torres y Manuel Saavedra, advirtieron que debe considerarse empate. Idéntica tendencia sostuvieron Giovanna Peñaflor, de Imasen; Fernando Tuesta, del Instituto de Opinión Pública de la Universidad Católica, y Manuel Torrado, de Datum. “Nunca antes el país estuvo tan polarizado y dividido en dos partes iguales”, señaló Tuesta.

    Sin embargo, los especialistas pusieron el acento en que las encuestas no están registrando la opinión de los peruanos en el extranjero (unos 750.000), que podrían suponer, según su comportamiento en anteriores elecciones, 1,3 por ciento de los votos totales y ser por ello significativos en una coyuntura tan ajustada, apuntó Torres.