Roberto Escobar asegura que tiene una vida tranquila. Busca a sus hijos al colego, se junta con amigos -pocos, según dice-, y visita sus caballos en su casa de recreo en Manizales. Si uno lo observara, no sospecharía que fue el contador de todo un imperio narco.

Con el auge que ha tenido la historia de Pablo Escobar, sobre todo por la reciente serie “El Patrón del Mal”, la imagen que se tiene del apellido del narcotraficante “está llena de mitos y mentiras”, según Roberto, conocido también como “Osito”. En una entrevista, el hermano del capo colombiano descartó varias intrigas sobre lo que ocurrió antes y después del negocio millonario.

Señalando las diferencias de su vida con lo que refleja la televisión, dijo: “No hubo un intento de revolución contra Estados Unidos, en ese momento el mercado era allá. Esas son anécdotas que inventan en el mundo periodístico. No conocen nuestra historia, entonces en la serie rellenan con historias de ficción“.

Además, descartó los rumores de que Roberto Gómez Bolaños, El Chavo, hubiese participado en la fiesta de cumpleaños de Escobar. Aunque sobre Maradona no quiso afirmar nada. “Me reservo porque el está vivo. Yo de personas que estén vivas no hablo. Ni bien ni mal. Mi hermano era gran admirador de Maradona y de Romario. Pablo era amante del fútbol argentino”.

Y sobre esto, Roberto relató la intensidad con la que Pablo seguía al fútbol. Según mencionó en el programa Tiempo de Valientes, de Radio Jornada, cuando se fugaron de la cárcel de la Catedral, se encontraban en una selva con una radio pequeña que Pablo tenía en el bolsillo. “Ese día jugaba Independiente de Medellín, cerca de nosotros pasaba el ejército que nos buscaba y uno de los guardaespaldas de mi hermano nos dijo ‘vámonos rápido, que está llegando el ejército’, entonces mi hermano le dijo ‘quédate callado que mi equipo está por patear un penal‘. Una vez que pateó el penalti, Pablo pregunto a su jefe de seguridad por donde era el camino y este muchacho nos respondió que nos quedáramos callados porque estaban a 50 metros”.

A través de los relatos de Roberto, se puede ver la unión que existía entre ambos desde pequeños. “Tengo demasiados recuerdos de él. Sobre todo cuando eramos muy pobres, donde caminábamos 4 horas para ir al colegio. Un día, volviendo, el tenía unos 7 años, yo 9, mi madre nos había regalado para comprar un helado para partir entre los dos. Cuando hacíamos la fila para comprar el helado que íbamos a compartir, a un niño del colegio de nosotros, se le cayó el helado a un charco, entonces mi hermano me mira y me pregunta si le regalábamos el helado a ese niño. Ese día me di cuenta de lo que nosotros podíamos empezar a hacer por la humanidad, en cómo ayudarle a la humanidad“.

Este tipo de anécdotas refleja la situación particular de Medellín, donde a pesar de las matanzas que se realizaron durante su “mandato”, los sectores más pobres de la ciudad lo apoyaban. Para lograrlo, construyó casas y hospitales, publicó un periódico y hasta abrió un zoológico para el público.

“A mi me gustaban los caballos y a Pablo las jirafas, los hipopótamos  y otros animales exóticos. Un día, cuando estábamos en la cárcel le dice a uno de sus amigos ‘vea, don Roberto gasta millones de dólares en caballos, en comida, jinetes, comprando carros’ y yo le respondí que él gastaba millones de dólares comprando camionadas de zanahorias para los elefantes. Entonces todos los muchachos empezaron a reir. Esas son historias que no están en los libros”.

De hecho, la pasión de Roberto por los caballos es una historia con lujos y extravagancias. En los 80, “Osito” tenía un corredor de paso fino llamado “Terremoto de Manizales”, que empezó a valer entre 3 y 5 millones de dólares cuando comenzó a competir.

“Pero nunca lo quise vender. A los años de haber ganado la última competencia a nivel nacional, a los 20 días de una exposición, lo secuestraron por 45 días, donde la policía con una tijera lo cortó los testículos”. Debido a las heridas, el animal terminó muerto, y Roberto comenzó “la odisea de intentar clonar el caballo con el único fin de recuperar la genética para la caballada del Paso Fino Colombiano“.

Escobar mencionó que el primer clon nació muerto, pero a los meses, el segundo nació bien. “A la fecha tengo cinco hijos de ese clon, esperando que tengan la misma genética. El valor del tratamiento es de más o menos un millón de dólares,  porque era una exclusividad”.

Pero aquellos momentos de lujos, en los que incluso llegó a conocer a Frank Sinatra en Las Vegas, llegaron a su fin, y casi le costaron la vida a Roberto. “A mi a los 18 días de la muerte de mi hermano me colocaron una carta bomba que casi me mata, que me dejo en una clínica por muchos años. Nosotros sufrimos antes, durante y después de la muerte de mi hermano”.

Según contó “Osito”, un guardia de la cárcel en la que estaba le puso una bomba, a través de una carta que venía de la Fiscalía de Bogotá. “El documento pasó por 5 requisas y una máquina de rayos X”. Ese día, Roberto no tomó las precauciones de siempre al momento de recibir correspondencia.

“Salgo al patio, veo que mi guardia se va lejos de donde estaba, se lo veía como con miedo, lo vi muy nervioso en el momento previo a la bomba. Abro un poco el sobre y alcanzo a ver un cable verde, volteo la cara rápidamente y estalló una bomba. Me reventó los dedos de la mano, los ojos quedaron como dos pasas, tenía sangre en todos lados. Nadie me abría la puerta. El director de la cárcel se demoró más de tres horas en sacarme y mandarme a una clínica. Yo sabía que no me iba a morir, se lo dije al director”.

Por el contrario, respecto a la muerte de su hermano, Roberto asegura que se suicidó. “Un médico al que mi hermano ayudó a que pudiera estudiar, asistió a la necropsia de mi hermano y me dijo ‘Roberto, quédese tranquilo. A su hermano no lo asesinaron, el se subió al techo, con la mano izquierda hizo la V de la victoria y con la mano derecha se pego un tiro debajo de la oreja que le traspasó a la otra oreja’. La mano la tenía llena de pólvora. En varias ocasiones el dijo que prefería una tumba en Colombia que un calabozo en los Estados Unidos”.

A pesar de los años, Roberto sostiene que si su hermano estuviese vivo, él lo apoyaría. “Yo lo extraño demasiado, no solo a Pablo, sino a otro hermano que murió, a mi papá, a mi mamá y a mis hijos que murieron en esa guerra cruel que hubo en Medellín en esa época”.