Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, anunció la creación de un “consejo de paz” para Gaza, una iniciativa presentada como pieza central de la segunda fase del plan respaldado por Washington para poner fin a la guerra en el territorio palestino.

El anuncio llega en un escenario frágil, atravesado por acuerdos parciales, demandas no resueltas y una fuerte expectativa internacional sobre el futuro político y de seguridad de la Franja.

La propuesta fue comunicada por el propio Trump a través de su red Truth Social, donde afirmó que el organismo ya fue conformado y que sus integrantes se darán a conocer “en breve”. Según adelantó, se trataría de un consejo de alcance y prestigio inéditos, que él mismo presidiría.

La creación del consejo de paz se produce poco después de que se anunciara la conformación de un comité tecnocrático palestino, integrado por 15 expertos, que tendría a su cargo la administración civil de Gaza en la posguerra. Este comité actuaría bajo la supervisión del nuevo organismo impulsado por Estados Unidos, configurando un esquema de gobernanza transitoria.

Desde Washington, el plan es presentado como una alternativa para evitar un vacío de poder tras el conflicto, con un fuerte respaldo internacional y un rol activo de actores externos en la estabilización del territorio.

Uno de los puntos más sensibles del anuncio es el despliegue de una fuerza internacional de estabilización, que tendría como objetivo garantizar la seguridad en Gaza y colaborar en el entrenamiento de unidades seleccionadas de la policía palestina. La iniciativa busca reducir la posibilidad de un nuevo estallido de violencia, aunque genera interrogantes sobre su alcance, composición y legitimidad.

Desde Hamás, organización considerada terrorista por la Unión Europea y varios países, el dirigente Basem Naim sostuvo que “la pelota está ahora en el campo de los mediadores, del garante estadounidense y de la comunidad internacional”, y reclamó que se otorguen al nuevo esquema los medios necesarios para funcionar.

El plan de paz para Gaza respaldado por Estados Unidos entró en vigor el 10 de octubre, cuando se concretó la liberación de todos los rehenes en manos de Hamás y cesaron los enfrentamientos directos con Israel. Ese primer paso permitió establecer una tregua, pero no resolvió los principales desacuerdos de fondo.

Para los palestinos, la demanda central sigue siendo la retirada militar completa de Israel de Gaza, una condición incluida en el marco general del plan, aunque sin un cronograma definido. La falta de precisiones alimenta desconfianza y mantiene la tensión latente.

Del lado israelí, el foco está puesto en el desarme total de Hamás, una exigencia considerada no negociable por el gobierno de Benjamín Netanyahu. Sin embargo, el movimiento palestino se ha negado hasta el momento a comprometerse públicamente con ese punto, lo que complica la consolidación del proceso.

El acuerdo de alto el fuego fue alcanzado con la mediación de Estados Unidos, Egipto, Qatar y Turquía, países que firmaron una declaración conjunta como garantes del proceso. El anuncio del consejo de paz refuerza el rol de Washington como actor central, aunque también expone la complejidad de coordinar intereses regionales y globales en un conflicto de larga data.

Analistas internacionales advierten que el éxito del consejo dependerá menos de su composición y más de su capacidad real para destrabar los nudos políticos y de seguridad que aún persisten.