El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El conflicto en Medio Oriente ha escalado a un punto crítico este 3 de marzo de 2026. Tras el ataque directo del régimen iraní contra la embajada de Estados Unidos en Riad, Arabia Saudita, el presidente Donald Trump lanzó una advertencia que pone al mundo en vilo: la actual operación militar, denominada por su administración como “Furia Épica”, está lejos de haber alcanzado su punto máximo.

Ni siquiera hemos empezado a golpearles fuerte. La gran oleada aún no ha sucedido. Lo grande viene pronto”, afirmó el mandatario en declaraciones a la cadena NewsNation.

Un ataque directo en suelo saudí

La embajada estadounidense en la capital saudí confirmó que dos drones impactaron contra sus instalaciones, provocando incendios y daños materiales. Aunque no se reportaron víctimas fatales de inmediato, el incidente forzó a la misión diplomática a emitir una orden de refugio en el lugar para todos los ciudadanos estadounidenses en Riad, Jeddah y Dhahran.

Este bombardeo se suma al asesinato de soldados estadounidenses en la región, un hecho que Trump utilizó para justificar la inminente profundización de los ataques. “Pronto conocerán la respuesta de Washington“, sentenció el republicano, sugiriendo que las represalias serán de una magnitud mucho mayor a lo visto en las últimas 72 horas.


Los cuatro objetivos de la Casa Blanca

A pesar de que Trump asegura no buscar formalmente un “cambio de régimen”, reconoció que la estructura de mando en Teherán está en caos total tras la eliminación de 49 altos mandos, incluyendo —según reportes de inteligencia— al propio Líder Supremo.

La administración ha delineado cuatro metas innegociables para esta fase del conflicto:

  1. Neutralizar la capacidad de represalia iraní.
  2. Destruir la infraestructura de drones y misiles.
  3. Impedir definitivamente que Teherán obtenga armamento nuclear.
  4. Cortar el financiamiento a grupos como Hezbollah y Hamas.

Sin límites de tiempo ni tropas

Frente a las críticas y la volatilidad de los mercados internacionales, Trump se mostró inamovible. Aunque inicialmente se estimó que la operación duraría unas cuatro o cinco semanas, el presidente advirtió que está preparado para extenderla el tiempo que sea necesario.

Incluso, fue un paso más allá al no descartar el uso de fuerzas terrestres: No tengo reparos respecto a enviar tropas sobre el terreno. Probablemente no las necesitemos, pero si fueran necesarias, lo haría. Por su parte, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, reforzó esta postura aclarando que no se trata de una “guerra interminable” de reconstrucción nacional, sino de una campaña diseñada estrictamente para “pelear y ganar”.

Con información de Infobae.