En una puesta en escena que apunta a desafiar a Occidente, el presidente de China, Xi Jinping, reunió en Pekín a sus pares de Rusia y Corea del Norte, Vladimir Putin y Kim Jong Un, en la primera cumbre trilateral de este tipo.

Xi recibió a Putin en el Gran Salón del Pueblo y luego en su residencia personal, donde lo llamó su “viejo amigo”. Horas después, el tren blindado de Kim fue visto llegando a la capital china, según reportó la agencia Reuters.

Los tres líderes serán protagonistas este miércoles en el desfile militar por el 80° aniversario de la victoria sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial, un evento en el que China desplegará poderío bélico y su visión de un nuevo orden global, mientras Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, enfrenta tensiones con sus aliados occidentales.

Más allá de la simbología, analistas alertan que el acercamiento podría derivar en ejercicios militares conjuntos y una mayor cooperación en defensa, tras el pacto firmado en junio entre Rusia y Corea del Norte, y la posibilidad de un acuerdo similar entre Pekín y Pyongyang.

Xi dejó un mensaje directo contra Washington al advertir en un foro de países no alineados: “Debemos mantenernos firmes contra el hegemonismo y la política de poder”.

La reunión también dejó acuerdos estratégicos: Gazprom y la Corporación Nacional de Petróleo de China sellaron un convenio para aumentar el suministro de gas ruso y avanzar en un nuevo gasoducto con capacidad de abastecer a China durante tres décadas.

Mientras tanto, el líder norcoreano busca capitalizar el encuentro. Kim envió más de 15.000 soldados a apoyar la invasión rusa en Ucrania, de los cuales al menos 600 murieron en la región de Kursk, según inteligencia surcoreana. La cumbre le ofrece la oportunidad de reforzar su imagen como potencia nuclear y ampliar su círculo diplomático.

Para Putin, en tanto, el escenario le permite insistir en la necesidad de un “equilibrio justo en la esfera de la seguridad”, una referencia a su rechazo a la expansión de la OTAN.

La cita en Pekín coincide con un contexto de máxima tensión global: la guerra en Ucrania sigue activa tras más de tres años y medio, Corea del Norte continúa aislada por sus pruebas nucleares y China busca consolidar su rol como contrapeso al liderazgo occidental.

El desfile del Día de la Victoria será la postal final de este acercamiento: se espera la presencia de unos 50.000 espectadores, un despliegue de tecnología militar de última generación y la suelta simbólica de 80.000 palomas de la paz en el centro de la capital china.