El medio estadounidense The Wall Street Journal publicó un polémico artículo titulado “¿La inflación te deprimió? Al menos no vives en la Argentina”, donde se exponen las estrategias de los consumidores argentinos para contrarrestar la inflación.
La rutina de ir al supermercado, después de cobrar y comprar grandes cantidades de comida y productos para ahorrar, es calificada por ese periódico como una de las sorprendentes tácticas y rebusques que se utilizan en el país para ganarle a la inflación.
En el artículo, que fue publicado el lunes, sintetizan el día a día de quienes viven en el país con la frase “Acumulan papel higiénico”. Además, recoge testimonios de comerciantes y usuarios.
Para ejemplificar, citan a Melanie Lichtensztejn, una estudiante universitaria de 24 años: “Vine a este mercado y compré todo el papel higiénico que pude para el mes, más de 20 paquetes”, admitió.
En un contexto en que la moneda local pierde valor rápidamente, “los argentinos agotan sus cheques de pago casi tan pronto como los reciben”, describe The Wall Street Journal.
Jonathan Faez, dueño de una tienda porteña de lencería, declaró a ese medio: “Tengo amigos en Estados Unidos y España y me dicen que se están volviendo locos con su inflación anual de 5% o 7%. ¡Acá llegamos al 4% casi todos los meses!”.

Por su parte, Sofía Finot, que vende licuados, reveló que sus competidores ponen más agua y hielo en sus tragos para ahorrar: “¡Es más agua, menos fruta!”, dijo, festejando la idea.
Además, el informe presenta valores porcentuales correspondientes a la evolución de los precios en Argentina en los últimos años: “A fines de la década de 1980, el gasto público desbocado hizo que la inflación se disparara por encima del 3000%, y después de un período de relativa estabilidad, la cifra ha vuelto a subir, alcanzando el 6,7% solo en marzo, la más alta en 20 años”.
“Acá el 40% es normal”, especificó Faez a WSJ, luego de aclarar que superar el 50% “no nos asusta, simplemente nos molesta”.
También citaron el caso de María Oyhanarte, de 67 años, y su esposo Gustavo Pastrana, de 68, quienes confesaron haber tenido que hacer un recorte en sus consumos porque la plata ya no les alcanza para lo mismo que antes.
“La carne, por ejemplo, ya no la compramos tan seguido”, señalaron al respecto en el marco del relevamiento realizado por el medio norteamericano. Un dato que resultó casi inentendible para quienes conviven con otra realidad económica.
