En general, ámbitos como la escuela suelen ser una de las cajas de resonancia de la sociedad. Allí decanta o canaliza de alguna manera el pulso de lo que se vive fuera de las aulas. Fenómenos como el bullying o acoso no empiezan en ese ámbito, pero encuentran a las anchas su espacio para desatarse, a veces con comodidad, lo que se convierte en un serio problema. Con el tiempo se han sumado nuevos hábitos, que se transforman en expresiones propias de los estudiantes, como es el caso del último primer día.

La escuela está atravesada de problemas, más aún en este época de faltas. El consumo de sustancias, desde el alcohol a la marihuana, siempre han puesto en bretes a las autoridades, pero también a los padres. La cuestión es que el llamado UPD se realiza en el exterior de la institución, pero termina con los chicos en el establecimiento. La primera respuesta que se tuvo a nivel institucional fue prohibitiva. No parece haber sido la mejor estrategia. El UPD se consolidó como una práctica que se tiene una vez al año en el inicio de las clases, por parte de los estudiantes de quinto o sexto año y coloca a la escuela en ese lugar incómodo de activar los dispositivos para la contención.

Qué hacemos con los chicos, se preguntan directoras y directoras. ¿Los mandamos a casa, los recibimos con un café? Lo puntual es que, como ocurre en ese primer día del ciclo lectivo, la mayor tarea dependerá de la familia. Concretamente, de qué tan bueno sea ese diálogo entre papás e hijos. Dicho de otro modo: de qué manera tan sincera se haya construido esa relación con el tiempo que se estuvo, sobre todo, en la secundaria, que no sólo es un nivel de estudios sino, en la dimensión humana de la vida, también coincide con el big bang de lo que se desea, pero a la vez choca de frente con las reglas que marcan las instituciones.

No pareciera haber estrategias probadas con este UPD, porque ya está más que instalado socialmente entre los estudiantes. Lo válido es acompañar a los pibes a que tomen las mejores decisiones y que aprendan a cuidarse, a proveerles un entorno seguro en caso de situaciones no deseadas. Lo malo, en todo caso, sería hacerse el distraído en lugar de hablarlo.