Mientras la política va por un lado instalando su campaña y los rostros que ofrecen a modo de oferta electoral, hay otra realidad en la provincia que sólo suele emerger cuando se produce una tragedia.

Ocurrió con Eric Mamaní semanas atrás, y sucedió este martes cuando un niño de un año jugaba en una caja mientras su madre se dedicaba a la cosecha, golpeado por una camioneta. No hay forma más brutal de entender la vulnerabilidad de muchos chicos en distintos lugares de la provincia.

Al menos en estas dos situaciones, en el marco de una informalidad que no pide seguros ni coberturas sociales de ningún tipo. Indefensos, aún cuando en sus familias busquen cuidarlos, las situaciones terminan superándolas. No hay Estado que valga, salvo cuando ya es tarde. En otros barrios de la provincia, dependen de la lotería de los disparos cuando quedan rehenes de peleas ajenas entre bandas.

Es otra forma de entender los agujeros que tiene esta provincia por fuera de los relatos que salvaguardan la institucionalidad y que dejan cómodos a más de un dirigente.