Una nueva crisis financiera genera temor en Estados Unidos y Europa, por los fantasmas que traen anteriores episodios, como el del 2008, la más reciente, o algunos que están en la memoria de los argentinos, como el “efecto tequila” en los 90. Esto, mientras todavía repercuten los efectos de una guerra que ha hecho implosionar las economías en cada país con la inflación.

El panorama no puede encontrar a Argentina mejor parado. Sí, es una ironía. En rigor, los últimos acontecimientos externos no han hecho más que agudizar nuestros propios males. Cada disparo en el pie que nos hemos propiciado, ha sido más doloroso a la luz de estos acontecimientos.

Ocurre con el drama de los precios: las expectativas apuntan a que marzo tendrá una inflación más elevada que la de febrero. Esto desarma cualquier posibilidad de proyección para las empresas y para el Estado. De igual forma, hay un impacto directo en lo social: habrá más pobreza, porque hay menos chances de poder mantener los niveles de consumo.

Condiciona a tal punto, que las paritarias que están en marcha ya se están adaptando a períodos de ejecución cada vez más cortos para volver a negociar. En medio de una campaña ya apresurada por la necesidad de instalarse en la agenda y en la cabeza de los votantes, lo que está faltando son propuestas para superar esta crisis.