¿La Corte de la Nación juega políticamente o es el último bastión de la defensa de la vida democrática? Un análisis rápido de su último fallo, que suspende las elecciones en San Juan y en Tucumán, sirve para entender cuál de las dos posturas se acerca más a la realidad.
Las leyes –con la Constitución Nacional y las Provinciales como estandartes– están para ser respetadas. Cualquier intento de lectura caprichosa o interpretación acomodaticia no es ni más ni menos que la búsqueda de una trampa. Y eso es lo que viene ocurriendo desde hace tiempo en Argentina. No sólo en estas dos provincias; Mendoza también ha tenido sus episodios y discusiones al respecto.
La idea de perpetuarse en el poder está lejos del espíritu republicano, y se acerca peligrosamente a la posibilidad de regímenes totalitarios, liderados por quienes tienen delirios de grandeza o pensamientos mesiánicos. Hay más de lo primero que de lo segundo. Es el goce del poder. No más que eso. La idea de que la política es la herramienta para mejorar a la sociedad es parte de un relato que tienen estudiado; incluso, terminan creyéndoselo.
Es realmente curioso escuchar a quienes hace décadas que están en funciones públicas y se presentan de manera recurrente como solución a los problemas, sin entender que son parte de ellos. Y ver cómo aprovechan el poder que supieron construir para imponerse a las instituciones.
En ese avasallamiento, a veces son saludables los fallos de la Corte como última garantía constitucional. Aunque, por supuesto, los jueces también hacen su juego.
