En la semana que pasó se conoció un dato duro. Se trata de la Canasta Básica Total, ese valor que sirve de referencia para saber cuánto cuesta la vida mes tras mes. Y, en relación con el año anterior, que en este caso nos da una cifra abrumadora: los alimentos que compramos, la vestimenta que utilizamos, el transporte que nos lleva, el importe de los remedios o la educación que pagamos, todo eso tuvo un aumento de 55% en los últimos 12 meses. Una fotografía que es más brutal si consideramos que los salarios no han tenido ese mismo despegue.

La vara se ha ido poniendo cada vez más alta para las familias mendocinas en su intento de no caer en la pobreza. En tiempo de debates y propuestas electorales, poco es lo que los candidatos a legisladores pueden realmente hacer por la macroeconomía. Pero no es una discusión que pueda estar ausente, ya que también está francamente unida a la creación de trabajo genuino. ¿Y cuál es este tipo de empleo? El privado, no aquel que se desarrolla en el Estado. Desde ahí, temas que se tocan: la posibilidad de volver a poner en agenda la necesidad de disminuir la presión fiscal que permita, a su vez, originar empresas y empleos. Tal vez sea más eficaz que la política de subsidios, que apunta a la resistencia en estas épocas de crisis, pero que no permite esta generación de riqueza.

Hay más de un problema real en una economía que debe reactivarse. Incluso, existen cuestiones locales que preocupan a una industria madre, como la vitivinicultura, que es la falta de botellas para envasar el vino. En momentos de reclamos más duros, cuando la política suele ceder más fácilmente, surgen o se profundizan los errores si se impone la demagogia. Sin embargo, ya que arrastramos lastres estructurales es hora de que se impongan nuevas soluciones para no caer en las mismas trampas de siempre.