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El Zonda es algo más que folclore local, cuando se produce, condiciona la vida de los mendocinos a tal punto que es una potencial situación de riesgo. Poder advertir a tiempo este fenómeno es clave, ya que hay sectores de la sociedad que necesitan la seguridad necesaria para su desarrollo ante un problema climatológico, como sucede con los estudiantes y las clases. Hay tecnología y hay modelos que permiten adelantarse a las situaciones para tomar decisiones que afectan a miles de familias de un momento a otro. No hace mucho, el viento derribó un árbol sobre el portón de una de las escuelas primarias más importantes del centro de Mendoza.

Fue un infortunio con mucho de suerte, puesto que el cursado no se había suspendido aquel día. Sin embargo, aun si se cuenta con los dispositivos adecuados, de nada sirve si no está claro el rol ni la línea de acción en los organismos pertinentes, si no hay una comunicación clara al respecto en el momento de la emergencia y, por último, si se entiende por qué hay que actuar con seguridad cuando sopla el viento. Si están esas condiciones en el comando de control, entonces, la incertidumbre puede hacer cometer errores. A veces, sólo hace falta levantarse más temprano que de costumbre cuando ocurren estas inclemencias para tomar la decisión más adecuada para los mendocinos.

No se puede improvisar con el minuto a minuto.