La “grieta”, esa polarización de posturas sobre cualquier tema coyuntural, domina la agenda política hasta un nivel exasperante. En muchos ámbitos, y en más de una ocasión, sin hacer pie en la racionalidad de lo que se discute. Un buen ejemplo en las redes sociales lo daban las principales tendencias a la hora de discutir sobre las nuevas restricciones. Cuatro punteaban cómodamente: #CierrenTodo, #AbranTodo, #FrenemosLaSegundaOla y #NoNosVanAEncerrarDeNuevo. Un país de blancos y negros.
En este marco, donde el diálogo es complicadísimo, prácticamente, oficialismo y oposición sólo se preocupan por ver quién ocupa el centro del ring y golpea con la mejor eficacia. Se llega, incluso, a las descalificaciones violentas, a las chicanas que dejan sin contenido la discusión política.
El país tiene por delante más de un problema a resolver que, día tras día, parece agravarse. Sobran temas de los que la dirigencia política puede ocuparse: inflación, pobreza, desempleo, la inseguridad, además de la pandemia, que ahora recrudece.
Y tiene por delante sentarse a discutir cuándo y cómo iremos a votar los argentinos en las legislativas. Pero el tiempo se gasta en estos debates, que sólo se quedan en la burbuja de quienes tienen que tomar decisiones o controlar a quienes ejercen el poder. La realidad, la de miles de ciudadanos, va por otra vereda. Es tiempo de que sintonicen con estas demandas.
