En poco más de 20 días, la pelota vuelve a rodar en las canchas argentinas y, particularmente, de Mendoza con la Copa América 2021. Nuestros principales referentes ya están en el país para volver a conformar un equipo y tirar para adelante a ver si de una buena vez la Selección recupera la Copa América. Esto, que podría generar máxima expectativa en un país que se define por su fútbol en una gran medida, tiene una salvedad no menor sino cada vez más complicada: la pandemia de coronavirus. 

En efecto, mientras se atraviesa la segunda ola de COVID 19 y se registran cifras altísimas mientras se intenta avanzar con dudas hacia la inmunización, las prioridades en la Nación parecieran apuntar a la realización de un campeonato de fútbol. De más está en recordar la cantidad de frentes abiertos que tiene la actual gestión nacional como para embarcarse en una aventura cuando todavía los contagios no ceden a pesar del encierro y todavía falta vacunar a muchas personas, aún a pesar de la cantidad de dosis que han llegado en la semana. Es como si las prioridades no estuvieran realmente claras.  

Incluso en Tokyo, sede donde este año se deberían disputar la máxima cita deportiva olímpica, hay cuestionamientos sobre su realización a pesar de que ya se han cancelado. Nuevamente se plantean las interrogantes: ¿está en condiciones Argentina de garantizar un acontecimiento cuando ni siquiera puede ofrecerle a un comerciante, a un empresario o a un monotributista si va a tener que bajar las persianas por otro periodo o va a tener que encerrarse sin poder circular para poder trabajar? ¿Cuando ni siquiera puede mantener abiertas sus escuelas por los contagios? ¿Le conviene al país organizar un evento de estas características cuando ni siquiera puede aprovecharlo turísticamente para recuperar de manera indirecta la inversión? Pareciera ser que donde falta el sentido común se impone un sinsentido de la política.