La regulación a través de una canasta de productos es la herramienta contra la inflación que el Gobierno nacional viene utilizando no sólo en la actual gestión, sino también en la de Cristina Fernández de Kirchner. El problema es que estas medidas han resultado insuficientes o inútiles por varias razones y no terminan de bajar el aumento de los precios. Hasta el momento, no parece haber una alternativa y eso es lo preocupante. En tanto, en las góndolas siguen faltando diversidad en ofertas. 

Esta semana, en medio de las discusiones con los empresarios, se decidió una nueva canasta pero apuntada a los comercios de barrio. Más allá del poderío de las grandes cadenas de supermercados, las despensas son los negocios de cercanía con el consumidor y, más que nada, con aquellos consumidores más vulnerables a los que la inflación les pega directo en el bolsillo por su capacidad adquisitiva. Es decir, no es por su magnitud sino por su relación de fidelidad es que había que llegar con una diferencia a estos sectores. Sin embargo, los economistas y especialistas plantean que la lista de 60 productos que se lanzó para estos mercaditos no tendrá impacto en Mendoza.

No es la primera vez que una política de este tipo lanzada con espíritu federal se ve menguada cuando tiene que llegar al resto del territorio que no sea el principal mercado, conformado por CABA y Provincia de Buenos Aires. Funciona en principio con la regulación de las tarifas de servicios públicos a través de subsidios. Sucedió con Cortes Cuidados, cuando en las góndolas locales se vio una oferta de carne paupérrima. La lucha contra la inflación también debería ser federal.