Consumo y venta drogas. Temas complejos que inciden directamente en la salud y la vida de las personas. El fin de semana se perpetró un doble asesinato en el oeste de Godoy Cruz. Dos amigos fueron ejecutados mientras dormían en una pequeña habitación del barrio Urundel, un sector prácticamente intransitable desde hace décadas. La hipótesis narco no tardó en llegar. Y tenía un motivo: una de las víctimas creció en el mundo del narcomenudeo. Su padre fue detenido y condenado por comercialización de estupefacientes en pequeñas cantidades y las víctimas presentaban problemas de adicción. Un coctel explosivo, que potenció el desenlace trágico.
La venta de drogas se asocia con actividades delictivas y organizaciones criminales. Esto puede generar violencia, corrupción y dañar la seguridad pública. A pesar de que las leyes son severas para combatir el tráfico y la venta de sustancias estupefacientes, esto no parece importar en los barrios de clase baja. Justamente, el citado complejo es de difícil acceso. Se han pavimentado calles y realizados obras con el paso de los años para que los vecinos puedan pasar mejor sus días. Pero todo parece insuficiente: los habitantes de la zona se quejan porque la inseguridad y el narcomenudeo son constantes. La policía rara vez ingresa.
Es ahí donde las autoridades tienen que poner todo su esfuerzo para ayudar a los jóvenes. De lo contrario, los casos de este tipo, donde las drogas dejan consecuencias devastadoras, van a seguir ocurriendo. Parecen hechos que no generan interés social, pero es lo que más preocupa a un sector de la sociedad, el que menos atención política tiene.
