Cada crisis económica ha traído un coletazo inevitable en la inseguridad. Se vive en la calle, de manera dramática, porque se pierde plata pero también se corre el riesgo de perder la vida. A las discusiones entre dirigentes políticos sobre el uso o la falta de los recursos, ya sean policías o patrullas, hay un tercer elemento que no debe estar ausente y es la tarea de los fiscales.

Lo que se demanda de la Justicia es que adopte un rol más activo. No puede estar en modo siesta o reposera. La demanda es creciente desde los barrios de la provincia y en el Ministerio Público Fiscal no pueden sacarle el ojo a esta cuestión. En muchos casos, como ocurrió con el robo a un local en el centro capitalino, no se trata del crimen organizado, sino de rateros y descuidistas que generan mucho daño, por lo menos económico.

Sucede con el robo de los cables o de los medidores, ya sean de agua o de gas, servicios esenciales. Una modalidad delictiva hija directa de la crisis, porque permite sacar algo de plata por los materiales. ¿Dónde hay que atacar, entonces? ¿Qué trabajo de inteligencia criminal se tiene que hacer?

Al parecer, nadie está analizando o vinculando los distintos hechos porque se consideran hurtos o robos. La cuestión es que, si bien en algunos casos pueden ser pequeños, en el conjunto son más que molestos porque estos robos complican al Estado, a los privados y a los vecinos. Y pueden llevar a la quiebra a un comerciante.