No hay un solo hecho que no derive en un cotilleo, en una pelea de chusmas en las redes sociales. Así se maneja la dirigencia política de Mendoza. Ese es el nivel de debate que ha puesto a la provincia de rodillas ante una crisis que parece no tener salida; sobre todo, porque los que deben encontrarla están enfrascados en la chicana  barata y berreta, en el “me dijo, te dijo, le dije” y otras sanatas por el estilo. 

El último tema que desató la batería de publicaciones con dedos acusadores fue la problemática agrícola como consecuencia de las heladas tardías. Todo sirve para posicionarse electoralmente o para horadar al rival político. Nadie busca soluciones. O, si las encuentra, es para alimentar el ego y decir que tal o cual fue el  responsable. Es la foto constante de quienes les donan a los más necesitados sólo como un acto de promoción personal, nunca por solidaridad o empatía.

Si existen responsabilidades políticas, pues por supuesto que hay que esclarecerlas. Pero todo a su debido momento y a través de las herramientas institucionales y democráticas. De lo contrario, es un grito para la tribuna. No más que eso.

Incluso así, cuando la discusión se da en el ámbito legislativo, también tiene visos de parodia. Gestos grandilocuentes y voces por doquier. Casi una impostación. Minutos después, sonríen todos juntos en el mismo café. Lo llamativo es que en esas tertulias tan entretenidas nunca consiguen mejorar la calidad de vida de los  mendocinos. Las pruebas están a la vista.