Nicolás Cano, Julián Exequiel Reyes Stimulo, Cristian Rivero y Pablo Marique. Recibieron penas de entre 4 y 5 años de encierro.

Las barras bravas en el fútbol argentino son un tema complejo, polémico y peligroso. Grupos de seguidores organizados que muchas veces se caracterizan por su pasión y apoyo incondicional a un club, pero no dejan de estar involucrados en actos de violencia, corrupción, drogas y otros delitos, donde el uso de armas es el común denominador.

No todas las barras son iguales y hay diferencias entre ellas. Algunas se dedican principalmente a animar y alentar a su equipo de manera pacífica, mientras que otras están involucradas en actividades ilegales y violentas. Este miércoles, la Justicia de Mendoza condenó a cuatro hombres que buscaban quedarse con el poder total de la barra de Independiente Rivadavia, la popular Lepra mendocina, y perpetraron un asesinato.

No fue una tarea sencilla llegar a un fallo condenatorio, debido a que los testigos y los mismos imputados introducían teorías o hipótesis para embarrar la instrucción. La pena no fue elevada –llegó a un máximo de 5 años de cárcel– porque no se pudo comprobar quién fue el autor del hecho.

Seguro no era lo que la familia de la víctima esperaba. Pero se destaca que hubo una clara intención del Estado, en este caso, el Ministerio Público, de no mirar para el otro lado cuando se lo requiere, como ha sucedido en muchos otros casos. Las barras bravas del fútbol argentino representan un desafío tanto para los clubes como para las autoridades políticas, policiales y judiciales, ya que su erradicación es difícil debido a los que las rodean. Forman parte de un extenso negocio que parece no tener fin. La sentencia que se ventiló en la provincia puede ser el puntapié para el mensaje que hay que dar contra los violentos; marcando un camino que no hay que desviar.