El ex legislador mendocino Raúl Baglini es autor de uno de los principios de la política: cuánto más alejado está del poder, un político puede prometer las cosas más descabelladas.
Pero hay un tema cuando a un dirigente que está en tren de candidato y en la privilegiada posición de ser parte de un gobierno, no le fue bien en el primer
testeo electoral y tiene que repuntar para lograr el voto.
Para eso utiliza al Estado como caja formidable de recursos, que pareciera
no tener techo.
Es lo que ocurre con el llamado “plan platita”, que es el camino que encontró
el Ejecutivo para recuperarse luego de la devaluación que aplicó en agosto.
El problema es que, a la postre, la medida es inflacionaria y puramente electoralista, principalmente, porque todas las decisiones que han apurado en vista del 22 de octubre terminan, precisamente, esa misma semana, cuando se sepa si hay presidente
o balotaje.
Y luego, porque, en algunos casos, los precios subieron, como ocurrió con el IVA. También porque donde el Estado deja de recaudar, entonces debe que imprimir.
Más de una voz ha señalado con preocupación que toda esta masa de dinero que se pone en la calle puede derivar en algo preocupante, como una hiperinflación, Sin contar con que también es un problema que tendrá que atender la próxima gestión. En otras palabras, un salvavidas de plomo.
