El grado de internismo que se ha desatado en uno de los principales municipios del Gran Mendoza no tiene parangón.

No se recuerda una pelea, contaminada de lo electoral, desde hace muchos años con un municipio de por medio como botín.

Entre las denuncias formales que se han presentado y las acusaciones lanzadas, sólo para embarrar la cancha, como gimnasia política sin ninguna responsabilidad, hay una
cuestión que tanto unos como otros están olvidando: que han sido elegidos, en algunos casos, por el voto popular y, en otros, por una decisión ejecutiva, para mantener un municipio y darles respuestas a sus vecinos.

No son pocos los problemas que existen en Las Heras, la pobreza es uno de ellos.

La vulnerabilidad social siempre ha traído, a su vez, un aprovechamiento por parte de la política. Si el clientelismo es la respuesta, entonces, el problema de la dirigencia es más profundo.

Los ciudadanos, los electores, no pueden estar de rehenes en estas rencillas de bajo nivel. El debate electoral que se está dando no ayuda a mejorarles la vida, por el contrario, ni siquiera los tiene en cuenta.